sábado, 13 de mayo de 2017

Arte y verdad III y IV


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Dejamos los capítulos III y IV del ciclo de charlas filosóficas que lleva adelante Oscar Cuervo dentro de nuestro programa. Ya nos metimos de lleno con El origen de la obra de arte, una conferencia que Heidegger brinda en 1935.

Este párrafo es fundamental para poder seguir adelante:

"Todo el mundo conoce obras de arte. En las plazas públicas, en las iglesias y en las casas pueden verse obras arquitectónicas, esculturas y pinturas. En las colecciones y exposiciones se exhiben obras de arte de las épocas y pueblos más diversos. Si contemplamos las obras desde el punto de vista de su pura realidad, sin aferrarnos a ideas preconcebidas, comprobaremos que las obras se presentan de manera tan natural como el resto de las cosas. El cuadro cuelga de la pared como un arma de caza o un sombrero. Una pintura, por ejemplo esa tela de Van Gogh que muestra un par de botas de campesino, peregrina de exposición en exposición. Se transportan las obras igual que el carbón del Ruhr y los troncos de la Selva Negra. Durante la campaña los soldados empaquetaban en sus mochilas los himnos de Hölderlin al lado de los utensilios de limpieza. Los cuartetos de Beethoven yacen amontonados en los almacenes de las editoriales igual que las patatas en los sótanos de las casas".
 
El primer disparador que propone es que una obra es una cosa. Pero, ¿es solo una cosa?, ¿en qué medida una obra es algo distinto de una cosa?, ¿qué es una cosa, entonces?, ¿y qué es una obra?

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Capítulo III ACÁ.

Capítulo IV ACÁ.

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