domingo, 7 de febrero de 2016

Alfonso Barbieri presentó Feromona. De lo orgánico a lo político.


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Programa N°538. El primero en vivo del año. Nos visitó nuevamente Alfonso Barbieri, esta vez para presentar Feromona, el segundo disco de una trilogía que arrancó con TE AMO (Tontos enanos amarillos matando osos) y que finalizará con TE ODIO. Habíamos charlado con él hace dos meses. Cada disco es embarcarse en una nueva aventura y eso abre también una nueva conversación.

Alfonso pertenece a una raza de artistas que espeta, no se calla, arriesga, pone el cuerpo, padece, es antena. Este nuevo disco, en sus propias palabras, fue una especie de experimento. "Nos metimos en los estudios Spector sin ensayo. Los chicos (los músicos) no sabían qué iban a tocar. Una vez armado todo, les dí una pauta de comienzo armónico y rítmico, y en el medio iba tirando por el micrófono  -a través del tolbak- los cambios. Todo en vivo", nos dijo.

Se grabó en el primer mes de 2016 a lo largo de dos días y demoró otros dos en mezclarlo. Lo acompañaron Claudio Alejandro Rodríguez en bajo; Andrés Ruiz en batería; Nico Porta, Leandro Rossi y Ramiro Vergara en guitarras eléctricas; Mauro Conforti en pianos y  teclados. Sumaron su toque en distintos pasajes Lucio Mantel tocando ¡guitarra eléctrica!, July Sky con su voz y coros, Martín Marko con la flauta dulce y María Press en violines. Todo bajo la dirección instantánea de Alfonso, que además tocó teclados, sintetizadores, Moogs y pianos. Salió el 27 de enero, fecha en que cumpl 40 años.

En Feromona hay psicodelia, "ruidismo", distorsiones, melodías, bronca. No hay letras: "Cuando murió Bowie decidí que no tenía nada para decir", confiesa. Es también una posible banda de sonido de estos primeros meses de destrucción cultural que nos sobrevuela. Si el artista es una antena, ahí está Alfonso, artista antena, para poner en sonido la rabia que le nace y transmitir un estado de ánimo colectivo. A la distancia este disco deberá escucharse (también) como aquel que inaugura sonoramente esta nueva etapa (podrida) de la Argentina. No tanto por ser uno de los primeros discos en aparecer en la era amarilla, que seguramente lo es, sino porque capta perfectamente el nuevo clima político. Alimento, una de las piezas clave de Feromona, es caos y desconcierto, ¿pintura de época?

A lo largo de una hora y pico, la charla pasó por todo tipo de climas, acompañada por la música del disco. Dicho sea de paso (y no tanto): es un disco entregado en el sentido de que hay una entrega inusual. Es a todo o nada. "Puro plan A", como solía decir Charly García. Independientemente del resultado -que es excelente- se valora el tirarse a la pileta.   

El recorido de la conversa es este: Feromona / el experimento grupal / la política y el riesgo / la obra que se escucha a sí misma / sus inicios con la música / por qué hacer música / los almuerzos con Palo Pandlfo, Pablo dacal y Adrián Dárgelos y su admiración por ellos / los músicos y el escenario / la relación con los lugares donde tocan / el miedo a la soledad.
 
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- ¿Vos sabías lo que querías antes de entrar al estudio?

- Yo tenía anotadas algunas cosas, me partitureé. Mientras armaban la bata me fui al piano y empecé a componer ahí, o sea que inventé los temas en el momento, me los anoté. Surgió ahí. Nos sorprendió a todos como funcionó. 

Un disco instrumental. "El disco iba a tener letra y cuando murió Bowie decidí que no tenía nada para decir.  Fue la declaración de duelo de mi parte. Me pegó pésimo. Soy muy admirador de Bowie. Realmente me pegó mal, me entristeció muchísimo (...) Había escrito letras para la canción Feromona, para Diccionario blanco también. En Diccionario blanco hay una voz, que es la de July Sky, que está leyendo la definición de feromona, pero tampoco quise que se escuchara, está muy atrás. Fue mi homenaje a él sacar las letras porque realmente quedé mudo, no tenía nada para decir".

Lo biológico. "Hay una cosa orgánica a través de la distorsión, como si lo que sonara fuesen las tripas de todos los músicos que están y el funcionamiento de cada uno de los organismos. Un disco biológico (risas)".

El hartazgo. "Hay una especie de insatisfacción con ver la escena, el manejo del mainstream, los festivales, con los amiguismos, el no riesgo, con que se haya estandarizado un poco todo, con lo difícil que es tocar y que la relación con los lugares para tocar sea tan mala. Eso también tiene que ver con la furia con la que salió el disco. Como una cosa de hartazgo. Tiene que ver con el contexto político también".

- Hay una antena ahí también ¿no?

- Sí, la antena de la que habla Palo. Toda la música ya está hecha y nosotros somos antenitas que la reproducimos. Tiene ese carácter. Dentro de la trilogía, que Feromona sea el disco que habla del amor biológico, de la relación de la biología con el amor, también me gusta. Y después viene el que habla de política.

Hartazgo II. "Yo escucho música clásica diariamente, desde siempre. Las otras músicas las escucho, pongo discos y me encantan, pero hay algo de la relación con la forma de hacer música clásica que me fascina y es un lugar cómodo para mí. Estuve escuchando Bartok últimamente, en el proceso de Feromona también. Yo estudié piano clásico de chico, después estudié algunas cosas de orquestación. Los Beatles es música clásica también. Bueno... ahí la protesta también ¿no? Parte A- parte B- solo- parte A- parte B- final. Muchachos, vamos, pónganse las pilas. A veces siento que está todo igual. Pónganse a trabajar un poquito, si son talentosos todos (...) Lo digo también a nivel mundial: no hay nada muy sorpresivo. Insisto, salvo raras exceciones está muy aburrido, son como abuelas de nuestra generación hablando de cómo tocar".

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- ¿Por qué hacés música?

- Supongo que porque sino agarro un chumbo y me la pego (risas)

- ¿Lo decís en serio o es chiste?

- Eh...es un poco en serio y lo digo en chiste. Me cuesta el planeta un poco. El humano, en realidad. Y la música me distrae, es el lugar lindo que encuentro para vivir: la música, las artes y el amor, por supuesto. Sino no le encontraría sentido realmente. No podría ser médico, que me parece mucho más importante que lo que hagpo yo, es mucho más útil que yo, o que la música o que un cuadro. Son condimentos, como decía Spinetta. Creo que todo está yendo a un lado extraño y desafortunado.

La política y el arte. "No se puede decir: "Soy artista, entonces no tengo postura política". es cualquiera eso".

Los sueños. "Cuando era adolscente tenia como una especie de problema: soñaba cosas que después pasaban, por eso tuve que ir al psicólogo. Y él me dijo: 'Anotalos todos'. Y soñé la muerte de mi madre, que ocurrió muchos años después. Por suerte dejé de soñar porque me da miedo... No, mentira, sigo soñando y hago canciones. Por ahí tiene que ver con eso".

Palo Pandolfo. "Palo es un hermano, nos conocemos hace mucho y tenemos una conexión muy hermosa. Lo admiro profundamente y lo siento como un gurú, una guía. Es muy fuerte lo que pasa con nuestra amistad, supera un montón de cosas, es un tipo muy genial".

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Lista de canciones: 

- La abeja - Alfonso Barbieri
- Feromona - Alfonso Barbieri
- Alimento - Alfonso Barbieri
- Supervivencialidad - Alfonso Barbieri
- Renacer - Alfonso Barbieri & Palo Pandolfo
- Decir y mostrar - Alfonso Barbieri
- Instituciones - Alfonso Barbieri y Lisandro Aristimuño

El disco completo lo pueden escuchar acá.

  

martes, 29 de diciembre de 2015

Pensando las políticas culturales III. "Yo he visto ganar microbatallas culturales". Entrevista con Marcos Ramirez



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Continuamos  con nuestra serie de entrevistas a personas de la cultura argentina que nos ayuden a pensar los 12 años de políticas culturales kirchneristas.

En esta oportunidad traemos a Marcos Ramirez, músico y gestor cultural independiente que hace y produce desde Formosa. Tiene un sello-productora de contenidos que se llama Mamboretá Psico Folk Records con el que busca detectar, fortalecer, posicionar y difundir la escena musical del NEA. A su vez lidera una banda que ha sonado cantidad de veces en nuestra radio: Nde Ramirez.
 
Marcos, desde allá, pudo ver en qué medida la intervención del Estado, a través de políticas culturales, expandió su propio hacer. Nos habló del entusiasmo que produce la conexión entre distintas regiones y reconoce que uno de los grandes aciertos fue haber puesto a dialogar a los distintos gestores independientes.
Abajo la charla.

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- ¿Cuál es tu mirada de las políticas culturales?

- Creo que en estos doce años el balance es muy positivo. Lo relaciono con la posibilidad de conectarnos con los diferentes actores de cada región que estuvimos militando la gestión cultural previo a cualquier proceso de integración que nos convoque. Y nos dimos cuenta de que esos espacios que se generaron a nivel nacional con diferentes políticas sirvieron para motorizar un entusiasmo y sentir que hay un entusiasmo mendocino y otro formoseño que son primos hermanos, que sin tener la necesidad de pasar por Buenos Aires han logrado dialogar y exponer ideas. Eso es lo más rico que se ha logrado en estos años. Empezamos a conocer las ideas de los otros en foros y eventos, algunos fueron propulsados por el Estado nacional y otros han sido consecuencia de un espacio en común que hemos compartido y fue tomando vida propia. Hay una mirada relacionada a procesos de autogestión, espero que puedan seguir vivos y dialogando. Al haber estado muy vinculado a este proceso desde nuestra plataforma Mamboretá Psico Folk Records, que es un espacio de gestión de música y contenidos ligados a la identidad litoraleña con un filtro psicodélico, pensamos que es menester que sigamos ligados a este paradigma de conexión que nos rige.

- ¿Vos notás que hay un Estado que registró que había músicos y gestores en el resto del país que necesitaban de su intervención?

- Yo noté que hubo una idea de generar espacios de diálogos y que eso fue protagonizado por una política pública nacional que yo asocio con el MICA (Mercado de Industrias Culturales Argentinas). Más allá de que esté la palabra mercado involucrada, ha sido algo que ha excedido ese concepto y ha llenado otros vasos, no sólo el del comercio o el de la circulación de bienes culturales, sino también la circulación de entusiasmos y la construcción de temperamentos.  Hay gente que ha pensado que era mejor irse a exponer, a tocar o a producir a otras latitudes antes de quedarse en sus lugares de origen. Eso cambió, hay gente que se quedó sabiendo que el desafío era anímico y como había un relato que impulsaba ese ánimo, que visibilizaba los procesos tanto en los medios nacionales como en los medios provinciales, ha decidido activar la economía. Cuando hablamos de actores es eso. ¿Un actor qué hace? Genera un espacio, lo habita y lo vive. En ese rol de actores que tuvimos los que estábamos en el interior, salimos a crear un espacio de cero, a habitarlo y a compartirlo. Fue fundamental este proceso, ojalá que siga y podamos seguir contando nuestras historias.

"La noción de normalidad se afectó y cuando eso pasa hay que celebrar"

- Contame dos o tres situaciones concretas en las que sentiste que el Estado ayudó: líneas de financiamiento, espacios de encuentro...

- Lo primero fue ayudarme a entender que un proyecto creado en Formosa tenía posibilidades de sustentabilidad y de diálogo no sólo con sus pares regionales, sino con pares latinoamericanos. Concretamente nos ha ayudado a tener presencia en un mercado de música internacional como es Circular, en Colombia, en 2014. Al facilitarnos los pasajes para estar ahí y contar nuestra historia, nos cambió una perspectiva que teníamos. Nosotros intuíamos que teníamos una performance que nos permitiría dialogar con otros espacios, pero eso se dió en la práctica concreta. También tuvimos la oportunidad de tener apoyo el el Fondo de Desarrollo Cultural para la edición de discos, cosa que nos hizo colocarnos -más allá de la cuestión estríctamente económica, porque era un apoyo mínimo para algo que tenía otros costos- en una dinámica organizativa que nos permitió acceder a ciertos fondos que después nos permitieron seguir presentando proyectos a otros lados, ya no al Estado, sino a otros espacios de financiamiento. Yo destaco fundamentalmente el proceso de desarrollo del MICA. Al empezar en 2011 y al haber tres MICA nacionales, más todos los pre- MICA regionales, pudimos estar en contacto entre los gestores culturales del interior y relacionarnos cotidianamente a partir de la explosión de las redes sociales. Para mí ese fue el mayor de los réditos. Primero dibujar un mapa cultural y después colocarnos como activos productores y legitimarnos, porque en el interior cuando alguien es reconocido a nivel nacional por su gestión in situ genera un efecto de legitimación que trasciende cualquier subsidio y cualquier cargo; es un aval social que termina impulsando la idea y posicionándola en el medio local.

- Esa legitimación es ante los vecinos ¿no?

- Me animo a decirte más: ante la familia, ante tu abuela que pensaba que vos eras un vago que tocaba la guitarra, porque en algunas ciudades todavía se asocia la producción musical con no trabajar. Ciertas acciones de apoyo del Estado nacional funcionan como legitimadoras. Caso concreto: hay parientes de músicos de las bandas de Mamboretá que han recibido el aval de sus familias después de venir a tocar a Tecnópolis.

- Ya que mencionás Tecnópolis como legitimador, ¿sentís que sigue existiendo una mirada centralista y que para legitimarse hay que venir a Buenos Aires o eso también empieza a revertirse?

- MIrá, eso es algo que está tan arraigado en el esquema de pensamiento mitológico cultural argentino que es muy difícil de revertir en un proceso tan corto. Ojalá se pueda seguir instalando la idea de que Dios no atiende en Buenos Aires, pero hay algo que opera en diferentes niveles, y así el porteño piensa que Dios atiende en Nueva York. Muchos artistas y pensadores han desarrollado la idea de que para triunfar hay que irse del lugar donde estás. Lamentablemente hay algunas economías regionales que no han podido generar sostenibilidad sobre ciertos proyectos que permitan mostrar que se puede ser exitoso. La gente asocia el éxito con cierto posicionamiento económico, con tener continuidad en lo que hacés, pero hay algo que son microbatallas que terminan liberando una gran batalla para una gran guerra. Yo he visto ganar esas micro batallas, o sea, eso es lo que nos mantiene esperanzados. ¿Adhieren a revertir un pensamiento tan instalado? Yo creo que sí,  pero faltan muchas más micro batallas.

- Es que para revertir esa mirada no alcanza con 12 años, estamos batallando contra un relato impuesto desde hace 200 años. Eso lo deben vivir todo el tiempo.

- Nos han legado un modelo de país con una visión centralista. Yo creo que el triunfo es que se haya instalado el concepto de batalla cultural, eso implica la noción de que se vaya desapegando uno de la idea de que hay relatos culturales inocentes y sepa que uno como artista y gestor cultural termina contando una historia. Que esa historia tenga una orientación es la fase uno. Ojalá que podamos tener más tiempo de estas políticas culturales que instalan la necesidad de pensarnos federales, de pensarnos integrados, latinoamericanos, para que podamos pasar a la fase dos y luego a la tres. Creo que son muchas fases, porque es mucho tiempo de limar una idea mental que todavía hay gente que la hace brillar.

"Yo creo que el triunfo es que se haya instalado el concepto de batalla cultural, eso implica la noción de que se vaya desapegando uno de la idea de que hay relatos culturales inocentes y sepa que uno como artista y gestor cultural termina contando una historia"

- Es que ni nosotros estamos excentos de reproducirlas. Yo siento que la reproduzco incluso sin quererlo.

- Un amigo mío artista, Sebastián Friedman, me hizo reflexionar sobre el concepto de civilización o barbarie. Está tan marcada nuestra lengua desde la escuela que termina superándonos, y hay una inercia conceptual que nos empuja hacia ese lugar y nos termina haciendo cometer el patético error de la cultura argentina de pensar que el interior tiene un impulso, una energía o un alcance menor que lo que se emite en el centro de la cultura argentina que es Buenos Aires.

-  El interior tiene una historia para contar que Buenos Aires no puede contar. Por supuesto que lo intentó, usurpó la voz del otro, pero no era el tipo del país adentro. Pasó en la literatura y en algunas canciones también.

- Hay un caso muy fuerte que es el rock nacional. Cuando uno piensa en rock nacional lo asocia al rock porteño, o sea, los mismos investigadores, los musicólogos, la gente que está escribiendo los libros siguen diciendo rock nacional cuando pensar un rock nacional es todavía una deuda pendiente de la música argentina. Hay fechas que marcan los hitos, los comienzos de ciertos procesos, pero nadie sabe si una guitarra eléctrica se infiltró por el paraguay y en Clorinda se generó el primer blues guaranítico rockero argentino. Nadie lo registró. O sí, capaz que alguien lo registró pero nadie lo legitimó. Hay muchas deudas internas.

- Hay varias cosas que desmontar, primero la idea de lo nacional. Y a nivel sonoro también hay muchos para discutir. Pero si hay algo que a mí  siempre me interesó de lo que hacen ustedes con Nde Ramirez y con Mamboretá es su fuerte rasgo identitario. Ustedes siempre defendieron su identidad litoraleña. Muchas veces existió la necesidad de plegarse a las estéticas del mercado para tener éxito, el mal llamado éxito. ¿Lo que generó la intervención del Estado fue empezar a asumir la propia identidad y no tener que hacer algo que uno no es?

- Yo creo que también vino de la mano la noción de ecosistema musical que nos invitó a pensar que no hay una relación de monólogo con la industria, sino que es un diálogo, y que así como se dialoga con la industria o con el mercado, se puede dialogar con el Estado, con las organizaciones no gubernamentales, se puede pensar desde otro paradigma. Eso hizo que uno pueda asumir un recorrido diferente y no obligatoriamente mercantil. Realmente me parece que el proceso fue clave para pensar que hay espacios que pueden contener a los músicos en sus regiones, que a su vez cada región tiene sus epicentros, pero son autosuficientes y tienen sus relatos propios. En la región Litoral tenemos el Festival Mundial del Chamamé que escapa cualquier frontera de país, porque involucra a Paraguay, Brasil y todo el norte argentino. Y esos son procesos de visibilización que primero entendieron que somo diferentes naciones viviendo en un solo territorio. Cuando uno sale por Latinoamerica empieza a entender eso. Uno de los grandes aciertos de este proceso cultural es saber pensarnos más latinoamericanos, mostrarnos más latinoamericanos, con varios presidentes de la región que han sabido poner esa cuestión de la identidad latinoamericana adelante y levantarla como un valor.

- Se cumplieron 10 años de No al ALCA.

- Exacto. Y yo creo que todo eso decanta, hay una generación joven, activa, que puede ser el ejecutor de esta segunda fase, de este proceso que arrancó. Más allá del próximo presidente, la noción de normalidad se afectó y cuando eso pasa hay que celebrar.  

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- ¿Cuál era tu relación con el Estado hace 10 años y en qué medida ese vínculo se modificó? ¿Tuviste que replantearte personalmente lo que pensabas? 

- En mi adolescencia musical he sido víctima de ciertas poses rockeras. Durante la juventud rebelde uno se pone - saludablemente- en contra de ciertas cosas, pero cuando tuve que salirme de la sala de ensayo y entendí el proceso de gestión de una banda como un hecho comunicacional me di cuenta de que todos los interlocutores eran válidos. El Estado en Formosa tiene una incidencia clave en el hacer cultural, me pareció que no dialogar con el Estado era perderse una posibilidad, un alcance. Si bien en algunos casos no sintonizaba yo con ciertas políticas o decisiones de política pública relacionada a la música, ese diálogo me permitió ser agente de cambio. Después, me encontré con un gobierno nacional que miró a los gestores independientes. Eso es algo clave, porque si bien es cierto que hay espacios de gestión pública donde han salido ideas, una de las virtudes fue escuchar a los gestores independientes que han sabido transmitir la situación de cada escenario de gestión y aportar no solo curaduría para los festivales, sino efectividad en las políticas públicas. Que haya referentes artísticos involucrados y comprometidos me sirvió también para romper un cascarón que me encerraba en cierta mirada. Pero eso pasó hace mucho tiempo.

"Uno de los grandes aciertos de este proceso cultural es saber pensarnos más latinoamericanos, mostrarnos más latinoamericanos, con varios presidentes de la región que han sabido poner esa cuestión de la identidad latinoamericana adelante y levantarla como un valor"

- ¿Sentís que se modifica a partir de la gestión nacional una práctica en los Estados provinciales y municipales? ¿O son dos cosas que funcionan cada cual por su carril?

- Hay diferentes escenarios. Tuve la oportunidad de conocer diferentes provincias argentinas -algunas con mayor profundidad que otras- y ver diferentes realidades. En algunos casos creo que los Estados provinciales y municipales han reaccionado y trataron de sintonizar la frecuencia que impuso el Estado nacional. Hay otros que no. Creo que son procesos internos, diferentes temperaturas de gestión que tiene los guisos de cada provincia. Cada guiso se va cocinando con su temperatura y con sus ingredientes. Algunos han sabido incorporar procedimientos, esquemas de producción, acciones concretas y programas nacionales que tuvieron su replica provincial y me parece acertado, porque en definitiva todos esos actores nos encontramos en algún lugar dialogando, pero hay otros lugares que no. Entiendo que la historia dirá el rol de cada gobernante respecto de cada política. Ojalá que el mapa cultural teórico y práctico esté sintonizado. Si algo destaco en esto de replicar políticas es la capacidad que tuvo el gobierno nacional argentino de instalar esta visión sobre la cultura a nivel regional, yo detecto que Paraguay pensó en un modelo de gestión de Industrias Culturales como el argentino; el MIC- Sur que se hizo en Mar del Plata el año pasado y se hace el que viene en Bogotá, está basado en el MICA. Eso es algo que cualquier productor argentino lo toma con orgullo y algo que nos coloca en cierta oportunidad de saber que podemos ir a dialogar de igual a igual con otros países latinoamericanos.

- A partir de los viajes que realizás por Latinoamerica, ¿qué políticas se implementan en otro países  que valdría la pena traer acá?

- Hay un modelo muy interesante en Colombia generado a partir de una política pública pensada para posicionar la música colombiana en los mercados internacionales, música con fuerte contenido identitario. Creo que fue clave la incorporación de agentes privados como asesores de espacios de visibilizaión de la música colombiana. Eso podría ser replicado acá.

- ¿Agentes privados de la industria?

- No estoy hablando de corporaciones, son pequeñas productoras que están diseminadas por todo el mapa colombiano que terminan siendo actores clave dentro de un esquema de diseño de producción musical nacional. Nosotros estamos camino a eso con la Mesa Técnica de Música, donde yo, como director de un sello de la provincia de Formosa, tuve la oportunidad de sentarme en una mesa con la Ministra de Cultura (NdB: hoy ex ministra Teresa Parodi), con el presidente de CAPIF, el de SAGAI, con la gente de Pop Art, 300 Producciones, y dar mi punto de vista. Eso en Colombia ha evolucionado mucho más. Ojalá que pueda implementarse. Una mesa técnica donde uno pueda tener voz y voto sobre el diseño de contenidos y acciones de políticas públicas es alucinante.

martes, 22 de diciembre de 2015

"La gente de nuestro barrio sigue pensando que tocar en Buenos Aires es algo superior. Te tenés que preguntar por qué. Es un deafío, hay que estar muy despierto, la gente que trabaja en los lugares de decisión tiene que conocer y salir por el interior". Entrevista a Coqui Ortíz para escuchar



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Programa N° 531. Nos visitó Coqui Ortiz (sí, otra vez). Había venido hace dos semanas junto a Lucas Monzón y fue cortito, entonces le pedimos que vuelva. 

Coqui es músico, compositor y gestor cultural chaqueño. Vive en Resistencia y desde allí opera. Su mirada, como van a escuchar, está atravesada por esa distancia que lo separa de Buenos Aires. Por eso cuando, por ejemplo, se habla de federalismo y se pone al CCK como ícono de la mirada federal, se permite hacer una objeción bien pertinente:

"Cuando se habla de políticas culturales siempre se citan ejemplos de Buenos Aires, nunca del interior. En la disputa por los conceptos culturales no aparece el interior, se piensa quién hizo más o quién hizo menos en la ciudad de Buenos Aires. En estos últimos años hubo ya grandes avances hacia el interior. Nunca en la historia se construyeron tantos centros culturales incentivados por políticas de la Nación. Las Casas del Bicentenario, por ejemplo. Hay como cien en el interior. ¿Sabés lo que es construir cien centros culturales? Muchos de los cuales no están habitados, porque después falta la capacitación, gente que se los apropie y los haga funcionar. Eso es real, tomemos ya el teléfono de alguna de esas Casas de Bicentenario o vamos ya a esos lugares y te encontrás con un portero. Hay cosas que no funcionan porque cuesta que la gente se apropie, tome eso y lo llene de contenido. Pero, digo yo, hay muchos avances. A la vez, no hay que engañarse, cuando tocamos en el CCK con (Jorge) Fandermole, el Negro Aguirre y Juan Quintero han estado presentes algunos amigos míos de allá de Chaco. A ellos no les costó gratis, les costó 4 mil o 5 mil pesos venir a vernos. Cuando nosotros salgamos a girar por algunos lugares del país no va a ser gratuita la entrada, van a tener que pagar. Es así: para el interior que lo mira por tevé. Es así la cosa con lo gratuito, entonces pensar que un lugar que aloja a 1800 personas y es gratuito, es popular, no es tan así. Es discutible. Obviamente, mirá de qué estamos discutiendo, construyeron un súper lugar que también es una puerta de salida de nuestra cultura hacia el mundo, una vidriera que nos pone en la vidriera del mundo, pero eso no representa al interior del país, es otra cosa. En esa disputa sobre política cultural de un país no habría que usar eso como un ícono de argentinidad ni de federalismo. He escuchado decir que es el corazón del país. ¡No! Es una pena que a Teresa (Parodi) le tocó poco tiempo. Quedaron muchas ideas en el tintero, falta de tiempo para llevar a cabo algunas cosas. En un momento Teresa anunció una cosa que le había dicho Horacio Gonzáles, una idea de mudar la capital del país al interior una vez cada dos meses. Hoy en Chaco, mañana en Mandoza, etc. Nos mudamos ahí y pensamos desde ahí. Son desafíos. Hay muchos a los que yo becaría para que vayan a vivir cuatro años al interior, a mil kilómetros de acá, para ver cómo se sienten desde allá donde las cosas no pasan. Por lo general fue así. Recibís un llamado y te dicen: 'Che, estamos queriendo hacer esto en Chaco. ¿Tienen sonido?' Si. '¿Lugar?' Si. 'El camarografo lo mandamos nosotros y el sonidista también. Los artistas van desde acá'. De pronto van 60 personas a laburar allá y no tiene que ser así loco, si nosotros tenemos de sobra para laburar. Hay mucha gente capacitada. Igual no estoy haciendo una exaltación de lo local, hay que seguir capacitando a la gente, también hay un déficit, pero no siempre tenés que mandar todo empaquetado. Si vos conocés los lugares sabés dónde hay gente, dónde la cosa está funcionando y dónde podés confiar, pero tenés que conocer el país. Me parece que la discusión sobre la cultura no es la misma que teníamos en el 2000, entonces yo puedo ser crítico con lo que pasa. A mí me gustaría que si hubo un ciclo de pianistas en Buenos Aires gratuito, que después gire por el interior; nosotros tenemos un piano bárbaro allá. No lo quiero mirar por la tele por más que sea bárbara la transmisión. Sé de amigos que se han emocionado mirando a Marta Argerich por la tele, que también es un acontecimiento ¿eh? Cuando tocamos en el CCK hubo amigos que se reunieron para mirar un concierto, eso es fabuloso, es como decir: 'Nos juntamos para mirar el partido'. Está bárbaro. Pero vamos por lo otro también, hay que ir a los lugares, es una cuota pendiente. Yo, por la cercanía y por saber la forma de pensar de Teresa, sé que estaba en sus planes y que cuesta llevar eso adelante. Entonces, la gente de nuestro barrio sigue pensando que tocar en Buenos Aires es algo superior. Te tenés que preguntar por qué. Es un deafío, hay que estar muy despierto, la gente que trabaja en los lugares de decisión tiene que conocer y salir por el interior".

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Vale recordar que a fines de 2014 Coqui musicalizó coplas de Aledo Luis Meloni, poeta que reside en el Chaco desde hace más de 70 años y que actualmente tiene 103. El disco conjunto, al que se suma el notable Negro Aguirre, es La palabra echa a volar en el canto.

A lo largo de la charla hablamos sobre su música, sus orígenes, la primera canción que sintió redondita, el disco con Aledo Luis Meloni, el federalismo y la gestión cultural. Imperdible!

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Lista de canciones:

- Fuente
- Amigo
- Chamamé que se eleva
- Por el sendero

Pensando las políticas culturales II. "Yo no veo una gran diferencia entre la política cultural de la Ciudad y la de Nación". Entrevista con Ana Wortman


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Quienes hacemos Patologías Culturales formamos parte activa del circuito cultural y artístico desde hace muchos años. Vivimos en Buenos Aires pero venimos de distintas provincias y ciudades del país, por lo tanto la idea de lo federal y de una política que no se quede mirando el Obelisco siempre nos desveló. Un buen día, no hace tanto, nos dimos cuenta de que no teníamos las herramientas necesarias como para poder formarnos una opinión respecto de las políticas culturales impulsadas por el Estado en los años del kirchnerismo. Por esa razón, en los últimos meses nos abocamos a realizar entrevistas a personas que según nuestro criterio tienen algo importante para aportar, ya sea porque estudian el tema, porque son gestores y artistas que viven aquí o lejos de Buenos Aires, o porque ocupan un lugar en la función pública.

Mientras estábamos terminando de hacer las entrevistas (todavía nos quedan algunas más por realizar), de desgrabarlas y de escribir una nota más abarcadora que las reuniera, ganó Mauricio Macri la presidencia de la Nación. Es posible que eso modifique nuestra percepción y la de los entrevistados. O no.

Es por ello que pedimos tengan en cuenta que todos los entrevistados hablaron y analizaron la política cultural desde un presente que excluía la posibilidad de la Alianza Cambiemos en el gobierno. 


Hace una semana publicamos la entrevista a Daniel Cholakian. Ahora es el turno de  Ana Wortman, socióloga, docente en la Facultad de Ciencias Sociales e investigadora del Instituto Gino Germani  en el área de Estudios Culturales. Trabaja estos temas desde hace muchos años y se pueden encontrar artículos y ponencias donde se pregunta por los cambios en los consumos culturales, las nuevas formas de circulación de los bienes culturales o por los dilemas de la democratización cultural en Argentina y en Brasil.

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- ¿Qué debe ser una política cultural impulsada desde el Estado?

- Debe tener en cuenta qué es lo que la sociedad ya hace en términos culturales. En Argentina hay mucha creatividad cultural tanto en los grandes centros urbanos (Buenos Aires, Rosario, Córdoba, Mendoza y tantos otros) como en ciudades más pequeñas. Gracias a la democracia hay una revitalización de espacios culturales y una tradición de cultura independiente que tiene una historia que hace a los procesos migratorios y a la diversidad cultural en general. Entonces, el Estado debe promover aquello que ya está, ayudarlo a que se sostenga y también incidir en lo que la industria cultural, el meinstream o el mercado no favorecen, como nuevas experiencias estéticas, experiencias juveniles, aquello que es menos rentable, que no es masivo y propone otras estéticas no comerciales. Ahí el Estado debe intervenir. 

- ¿En qué más debe intervenir?

- Creo que también debe hacerlo en la llamada formación de públicos, un tema que está dando vueltas en relación al cine argentino a partir del estímulo que se le dió. Si bien no parece ser un tema prioritario por el éxito que han tenido dos o tres películas, hay una gran producción de cine que lamentablemente está muy poco tiempo en las salas. Como parte de la política de financiamiento a los productores de cine se crearon las salas de exhibición como las salas INCAA, pero eso no generó necesariamente un público de cine argentino que pueda ver todo tipo de cine, sino que sigue viendo un  cine que tiene una gran poducción, promoción y publicidad, cuya distribución está hecha por empresas multinacionales. Relatos Salvajes, El secreto de sus ojos y El clan son buenas películas pero la distribución es de Fox, Warner o Paramounth, y esas son las que exceden las salas INCAA. La pregunta es cómo hacer para generar interés, ganas o deseo de ir a ver películas que son buenas pero no condicen con el gusto ya establecido. Hay películas que están sólo una semana. Me parece que la política cultural tiene que ir hacia allí para generar el interés por conocer algo alternativo.

- ¿De eso se trata también la democratización de los bienes culturales? ¿Democratizar en un sentido que puedan llegar a una mayor cantidad de público?

-  Democratización tiene que ver con hacer posible que la gente pueda disfrutar de eso que ya está consagrado. Por ejemplo, viene Baremboin y como una entrada al Colón sale 1000 pesos o más, si toca en el medio de la 9 de julio uno podría decir que esa sería una forma de democratización. Lo mismo si toca en un centro cultural estatal y es gratuito como los ciclos de Martha Argerich. Esa sería una forma. Pero también es democratización si se favorece que haya nuevos productores. O sea, uno puede hablar de democratización cultural en términos de producción y en téminos de consumo. El último tiempo se está empezando a apuntar a que haya nuevos productores que planteen nuevas estéticas, nuevas maneras de ver las cosas, utilicen nuevos materiales.

"Una política cultural debería intervenir también en los espacios de formación, que sean más abiertos, más plural, más inclusivos".

- En tu artículo "Dilemas de la democratización cultural en Argentina y en Brasil" relatás el proceso brasilero que empezó con la inclusión de una mayor cantidad de gente y siguió con una clase media que se fue expandiendo. Pero faltaba la inclusión cultural y citás a una ex Ministra de Cultura, Ana de Hollanda, que dijo que sin artistas no hay arte, haciendo hincapié en el Estado como incentivador de la creación, que es una de esas patas que mencionabas. Si hay más artistas, hay diversidad.

- Si. Lo que está apareciendo como fenómeno social es que hay cada vez más gente dedicada a hacer arte, por eso el éxito de las carreras de gestión cultural. Lo que se empieza a percibir es que si uno es un artista y crea un bien, hay una serie de intermediaciones que hacen que ese bien tenga éxito, se pueda convertir en una pequeña empresa cultural, sea conocido, etc. Eso es algo muy complejo que no lo puede hacer solo un escritor, por ejemplo. En una época se designaba a alguien en cultura porque era escritor o era un artista reconocido, pero no es solamente eso, hay toda una cosa de gestión y de producción de la cultura contemporánea que supone un conjunto de saberes, y si el Estado interviene en el área de formación hace a la democratización cultural. Yo creo que ahí falta todavía, porque si bien están estas carreras de grado y posgrado, todavía los artistas tienen dificultades en temas de formación. Lo que hay a nivel estatal (hablo de Buenos Aires) tiene deficiencias, entonces los que terminan yendo a los lugares de formación es la clase media alta que va a escuelas privadas de formación de productor musical. El UNA (Universidad Nacional de las Artes) tiene una área musical, pero yo no veo que el gobierno mejore esos espacios estatales. Lo mismo con las escuelas de cine, el ENERC es restrictiva y las privadas son carísimas. La nueva generación de directores de cine es de clase media alta, entonces eso incide en las representaciones que se hacen de lo social. No desmerzco lo que hay pero, en todo caso, limita ciertas miradas. Una política cultural debería intervenir también en los espacios de formación, que sean más abiertos, más plural, más inclusivos.

- ¿En ese sentido cuál es tu mirada sobre los 12 años de políticas culturales kirchneristas? Hay una pimera etapa con los Café Cultura, haciendo circular una serie de artistas y intelectuales por el país. Después hay una trasformación de la secretaría en ministerio, se va Coscia e ingresa Teresa Parodi. ¿Cuál es tu balance?

- Es difícil. Yo creo que se viene avanzando quizás lentamente. En el momento de los Café Cultura primaba la idea de hacer circular los artistas e intelectuales de Buenos Aires; una idea de democratización en el sentido difusionista, difundir lo que se hace en Buenos Aires, que está bien porque la gente que no es de acá cree que el centro de todo es Buenos Aires y hay que conocer eso, pero también hay que promover que aparezcan otros centros. Otra cosa que se decía es que la idea del café era muy porteña. En Misiones nadie se junta a tomar un café, quizás es más de la pampa gringa o Mendoza, pero habría que haber adaptado esa idea difusionista teniendo en cuenta la diversidad cultural de la argentina. Me parece que todavía no se tiene en cuenta eso. Hay una idea que prima de la cultura: la cultura es la cultura letrada y se produce en los cafés. Es muy europeo eso. Habermas hablaba de eso, la idea de una intelectualidad que surge en los diálogos en el café es muy de Paris y de Londres como espacios públicos, entonces es un poco vieja.

"En el momento de los Café Cultura primaba la idea de hacer circular los artistas e intelectuales de Buenos Aires; una idea de democratización en el sentido difusionista, difundir lo que se hace en Buenos Aires, que está bien porque la gente que no es de acá cree que el centro de todo es Buenos Aires y hay que conocer eso, pero también hay que promover que aparezcan otros centros".

- ¿Y te parece que desde las políticas culturales hubo cierta problematización de la identidad? Pienso en los festejos del Bicentenario y si los podemos pensar como una linea en esa dirección.

- Más allá de la identificación política de cada uno, hay una intencionalidad de repensar la cuestión de la identidad nacional y de repensar esto del Bicentenario. El Centanario era la refundación de una identidad nacional con muchos invitados europeos, había venido la infanta Isabel y era una fiesta hecha para mostrar al mundo. La fiesta del Bicentenario fue hecha para reconstruir una identidad nacional hacia adentro, no era tanto mostrar la Argentina al mundo, sino una Argentina para la inclusión social, para reconocer que no éramos sólo descendientes de europeos, sino también descendientes de pueblos originarios, de población africana, una Argentina de una diversidad cultural más compleja y no solo europea ¿no?

- En uno de tus artículos hacés una periodización y describís lo que pasa en los 90s. ¿Qué pasa? 

- Está de moda hablar de los 90s. Es complejo. El otro día estaba viendo esto de que votar a Macri es volver a los 90s y yo pensaba que los 90s también tiene que ver con el menemismo y no sé con qué político los podríamos identificar (risas). En los 90s pasaron muchas cosas, están mal connotados. Por un lado es neoliberalismo y desde el punto de vista de las políticas culturales sería un debilitamiento de la intervención del Estado en la acción cultural. Recuerdo que en Buenos Aires se redujo el presupuesto para los centros culturales barriales y esos trabajadores pasaron a ser contratados y no empleados con obras sociales. Y en ese contexto se dió la concentración mediática. La política cultural de esos años estuvo orientada a facilitar la concentración mediática y el menemismo se construyó en relación a dar una nueva imagen del poder y la política. Los políticos iban a la televisión a cada rato, aparece Tinelli. Los 90s están asociados a eso. Además disminuyen los consumos culturales, la gente deja de ir al cine o disminuye, a la vez que cambia la manera de exhibición con los complejos multiplex.

- Y si uno piensa lineas estéticas es en los 90s donde en el cine aparece lo que se llamó el nuevo cine argentino: Trapero, Pizza Birra y Faso, es decir, una nueva serie de estéticas que son posibles por ese momento, operan en ese momento... Vos después hablás de la experiencia post 2001 donde aparece una vitalidad cultural de la mano de los centros culturales independientes y lo alternativo; decís que hay una resistencia cultural que no termina de ser aniquilada. Y eso también es una manera de entrar a la primera parte de este siglo, a partir de aquellas prácticas de resistencia.

- Los 90s uno podría dividirlos en dos momentos. Hay un segundo período que es cuando se sanciona la ley del cine, en 1994. Ahí el Estado comienza a dar subsidios,  hasta ese momento el cine argentino nunca había sido subsidiado por el Estado. Eso ayuda y ahí hay una nueva generación, aparece otra imagen de la Argentina, Lucrecia Martel, el interior. Hasta ese momento aparecía el centro, ni siquiera Flores, sino el Obelisco. Me parece que lo interesante es que aparece una mirada más desencantada y deja de ser exclusivo de una clase media que además estaba estereotipada ¿no? Y en la segunda mitad de los 90s aparece la sociedad civil. Eso es muy interesante y se da en toda la argentina, es una política cultural surgida de la propia sociedad y hace a una tradición de teatros de distintas colectividades, centros culturales de los socialistas, los anarquistas...

- Se retoman ese tipo de tradiciones...

- Hay historia ahí. Si uno va a la Boca, lugares que estaban abandonados los recuperaron. Quizás los que lo recuperan ni saben, pero hay algo en el imaginario que hace a... sin un mango.

"La pregunta es cómo hacer para generar interés, ganas o deseo de ir a ver películas que son buenas pero no condicen con el gusto ya establecido".

- ¿Y cómo ves la política cultural en la ciudad?

- Yo no veo una gran diferencia entre ciudad y Nación, quizás sí en el discurso porque el gobierno kirchnerista hace referencia al rel... al tema de la historia, a cómo mirar la Argentina, la identidad nacional. Pienso en La Usina del Arte. Si uno mira espacialmente no tendría mucho sentido porque está cerca del Centro Cultural Kirchner y también está la idea de democratizar el acceso a Martha Argerich u otras expresiones de formas alternativas. No sé, habría que estudiarlo con más detenimiento, pero es medio parecido. Tampoco veo que le presten mucha atención a la formación, no le da importancia a la democratización de la formación. Quizás hay una mirada estereotipada de la ciudad: en Mataderos lo gauchesco con la feria, como si la gente de Mataderos no pudiera conocer otras cosas.

martes, 15 de diciembre de 2015

"Siento que se instaló una forma de componer, de tocar y de decir que es cómoda, es facil". Entrevista a Alfonso Barbieri


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Programa N° 530. Estuvimos charlando con Alfonso Barbieri. Acaba de editar TE AMO (Tontos Enanos Amarillos Matando Osos). Es su cuarto disco solista, si bien el termino "solista" no alcanza para dar una idea acabada de la empresa en que se embarcó. Podemos decir, mejor, que es un diálogo artístico que Alfonso le propuso a parte de los músicos de su generación. "Tenía ganas de hacer un disco de canciones de amor, empecé a componer temas y mis letras están hiperrecontraoscuras y violentas. Dije: 'No quiero que esto quede'. Entonces, preferí eliminar mi poesía, mis letras y dejar la música. Y convoqué, tema por tema, a distintos compositores, poetas, amigos, músicos. Por eso tardé tanto en hacerlo", nos contó.

Los letristas y melodistas del disco son July Sky, Axel Krieger, Adrián Dárgelos, María Ezquiaga, Andrés Ruiz, Palo Pandolfo, Pablo Dacal, Lisandro Aristimuño, Lucio Mantel, Lucas Martí, Sol Pereyra y Leandro Rossi. Entre todos conformaron una obra que contó con la dirección de Alfonso y que, a pesar de lo que pueda prejuzgarse, no es para nada dispersa sino que guarda una cohesión sonora y letrística .

Su gesto, voluntariamente o no, resignifica la idea de invitado. La convocatoria es un convite a que su música sea apropiada por los otros y a funcionar en red. Ese gesto (político) nos indica que Alfonso, cuando hace, se piensa desde un 'nosotros'. "Es un gesto político y apunta a la ruptura del ego del autor mostrando su propia cosa. Me gusta la idea de que la patria es el otro (risas)", dirá.

La decisión de sonar a contramano de cierto sonido folkie que se convirtió en hegemónico en los últimos años de la música independiente es algo que se respira. Algo así como una especie de reacción hija de las mejores enseñanzas de García (que sobrevuela conceptualmente el disco). "Fue una sensación corporal -reflexiona-. Me aburría ya. Me gusta ser rupturista, de hecho del primer disco al segundo ya hay un cambio; del segundo al tercero ya hay otra cosa. Y acá fui para otro lado. Lo de hegemónico es tal cual, siento que se instaló una forma de componer, una forma de tocar, una forma de decir, que es cómoda, es facil. Esto lo digo hace años: hay que trabajar un poco más, hay que leer un poco más (...) Me parece que hay una estandarización en el under". 

TE AMO es el primer disco de una trilogía. "En dos semanas entro a grabar el segundo, que se va a llamar Feromona. Son todos temas míos y mis músicos no tienen ni idea, no lo ensayaron jamás. Vamos a entrar al estudio en crudo y los voy a dirigir adentro del estudio. Va a ser un disco ruidista. TE AMO es la intelectualización del amor, Feromona es la parte biológica y el tercero va a ser TE ODIO, que es la parte política. El acróstico todavía no lo voy a decir (risas)", nos adelantó.

La entrevista para escuchar completa, abajo!

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Ingenuidad política. "No veo riesgo. Me gustaría que se rompan ciertos factores de comodidad del audio, de la estética y de lo que se dice. No somos tan lindos todos. Siento que hay un estado de alegría y de mostrar el mundo desde un lado que hasta a veces me parece una mirada ingenua desde lo político".

La oscuridad. "En la oscuridad hay una belleza muy nutriente para meterse y enfrentarla, y no caer en ella".

El cálculo. "Yo no pienso en hacer algo sabiendo en que lo va a escuchar alguien. Pienso que la obra misma se va a esuchar a ella misma y que después se separa de mí. Yo no tengo responsabilidad sobre lo que pase y lo que le suceda a los otros. No voy a hacer ningún cálculo previo porque no me sale. No sé si está bien o mal".

El cinismo. "Hacer un disco así, con invitados, visto desde un lado cínico parece una estrategia de marketing para que figure en los diarios. ¡La pindonga! ¡No! La prensa la hago yo solo, los grandes medios no me han llamado, no tengo más plata, no soy más famoso, es lo mismo".

La mezcla. "Me divierto mucho con el juego del estéreo y siempre digo que me gustan mucho las cosas que suenan en la nuca. En la mezcla es muy interesante dónde los ponés. Hay cosas que te suenan acá atrás. A mí me pasaba con los discos de Prince; decía: '¡Qué hijo de puta! ¿Dónde mezcló esto? ¿Cómo puso ese tecladito que me aparece en la nuca?' La descripción era acá (y se señala la nuca). No lo tenía ni en un oído ni en el otro (...) Fui muy obsesivo con cada cosita que hay adentro, chistes internos, melodías que se repiten después, cosas de las que me río yo solo en mi casa". 

Pinguinos. "En 2010 estaba haciendo una serie que eran collages muy minuciosos hechos con pedacitos de cartón. Eran animales con ropa. Y cuando muere Néstor hice una pinguina presidenta arriba de una ola, con pececitos abajo, y nubes y pájaros volando, y una nube a lo lejos con un pinguino que saluda con un corazoncito. Fue un homenaje, lo tuve cinco años ahí y se lo llevé la última semana (risas). Para mí es muy zarpado. Me fui en subte con la bolsita y el disco de July Sky. Salí del subte, me metí en la Rosada, pasé por 200 controles y ... Emoción. A mí, como a muchos, nos han conmovido, nos han cambiado para bien estos 12 años y la verdad es que me preocupa un poco la situación. Está todo enmascarado en algo que supuestamente es alegría, felicidad y colores, y si rascás un poquito se pone bien oscuro y bien agrio. La sensación es que hay una especie de resentimiento por lo que pasó en estos 12 años y que vienen enojaditos ¿viste? Y no hay nada peor que este tipo de gente enojada".

Los músicos. "Veo muchos colegas que no están manifestándose y me entristece. Quizás cada uno está haciendo su duelo, veremos. Pero me parece que hay un lugar miedoso: 'No digo porque me gané un lugar'. No quiero ser malo con esto, ni provocador. Es un análisis nomás. Me altera que no se pronuncien, incluso pensando distinto, eh. Es importante el decir qué se piensa políticamente, es importante que haya gente que votó al PRO y lo defiendan. La patria es el otro, ellos también son la patria. Ahí hay que ser inteligentes y entender que si vamos a ser oposición hay que ser superiores a lo que ellos fueron como oposición. Me gustaría que se pronuncien más algunos músicos y artistas de mi generación (a los) que veo bastante tímidos, bastante lavaditos a la hora de hablar. Y otros creo que se prenden a una discursiva un poco hippie de la paz y en definitiva no están diciendo nada. Yo sé que es con buena intención, no dudo de eso, son buenas personas, pero me parece que hay una cosa lavada que no dice nada y no colabora en este momento. Es como redundante decir que estemos en paz, partimos de ahí. Pero hay que estar alerta".

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Lista de canciones:

- Amorbo
- El corazón no es un espejo
- Soneto a tus vísceras
- Los Amantes 
- Tontos enanos amarillos matando osos 
- Mejor cuando estoy con vos
- Te amo
- Sigo sintiendo