miércoles, 23 de octubre de 2013

Forjando la huella - Entrevista a Marcelo Ezquiaga para descargar



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En la vida de cualquier persona la relación con la música comienza casi desde la cuna. No es una decisión, sucede. La música está en el aire y se establece con ella, voluntaria o involuntariamente, un contacto. 

Nuestro programa N°419 estuvo dedicado a Marcelo Ezquiaga. El jueves 24/10 (hoy), en el ND Ateneo, va a festejar diez años de música y se refiere -específicamente- a los diez años que transcurrieron desde que editó su primer disco al frente de Mi Tortuga Montreaux. En consecuencia, hablamos de diez años con la música grabada.

Su historia con los discos comenzó en 2003 con Mar del plata en invierno pero se venía cocinando desde unos años antes. El país se desplomaba y Marcelo grababa en su departamento en el barrio de Congreso, siempre y cuando el ruido de las cacerolas lo permitiera y no se colara en medio de alguna toma. Con esa experiencia entendió que había un modo de hacer y de editar que se correspondía con ese tiempo que le tocaba vivir, uno donde las compañías discográficas no tocaban la puerta de casi nadie y donde a falta de recursos, había que inventarlos. 

Paralelamente, se fue moldeando -y no hablamos solo de Marcelo sino que bien se puede hacer extensivo al resto de los músicos- una idea sobre la independencia que era hija de la necesidad pero que empezaba a significar mucho más que sonar de cualquier modo. El caso de Ezquiaga es un ejemplo de cómo se podía producir y editar desde la autogestión, teniendo una propuesta estética y artística profunda, y tratando de no resignar calidad sonora. Esa idea se fue puliendo a medida que se sucedieron los discos hasta llegar a sonar impecablemente.

En 2004 llegó Mapa. En esa época Mi Tortuga Montreaux se transformó en una banda, lo que en los hechos significó que ya no había un solo comandante sino que cada idea fue puesta a consideración de los demás integrantes. Marcelo dirá que es un disco que le gusta pero a su vez remarcará que es el que menos puede defender. Tiene que ver con que para ese entonces ya había entendido que el funcionamiento de banda no era lo que más disfrutaba. En un momento de la charla se lo escuchará balbucear una definición de Mapa hasta que rendido dirá: "No sé qué es Mapa".

En consecuencia, para el 2006 llega el último disco arropado bajo el nombre de la banda. Se llamó simplemente Mi Tortuga Montreaux y con sólo tomar el disco- objeto salta a la vista un dato: aparece su cara por primera vez en tapa, un modo de retomar el mando del proyecto y decir sin ningún doblez: "Mi Tortuga... soy yo".

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Por eso es que no fue leída como golpe de timón, ni mucho menos, la decisión de encarar una nueva etapa como solista. Estamos en 2009 y su nuevo disco fue el excelente Un buen pescador. Mi Tortuga Montreaux -la banda, el concepto, lo que fuera- ya no existía y en su lugar aparecía un músico dispuesto a seguir su intuición, con una fuerza que lo volvía a llevar a diferenciarse de cierta tendencia que empezó a predominar en la década y que consistía en un sonido acústico (hasta por momentos fogonero) ligado a la canción. No fue su caso. Marcelo Ezquiaga siempre hizo lo posible por diseñar un tipo de canción (pop) que sonara fuera de la norma reinante. En ese sentido, su instrumento principal, con el que mejor se sintió durante mucho tiempo, fue y es el piano. Eso se nota al escucharlo, la mayoría de sus canciones parecen haber sido compuestas a partir de las teclas.

Para 2011 llegó su trabajo más redondo. Acompañado por Fernando Samalea en batería, Santiago Capriglione en bajo, Germán Cohen en trombón y Andy Ravioli en trompeta, editó Hombre Golpe, un disco con un comienzo demoledor en el que las tres primeras canciones se encadenan de manera tal que se vuelven un golpe, un cross, un sacudón. "Espinazo", "Calada" y "El gaucho vive y muere en su ley", una detrás de otra, tienen una contundencia que predispone a escuchar el disco hasta terminar, cosa que en los tiempos que corren, marcados por una sensibilidad cada vez más diseñada por la inmediatez y donde apenas si llegamos a escuchar 30 segundos de cada canción, es un verdadero logro. 

Excelencia pop, con letras que están finamente trabajadas, Marcelo logra con ese arranque que nos detengamos un buen rato a pensar qué quiere decir cuando canta: "Tuyo es el deseo / tuyo el hambre/ y el infierno de pensarme / como un perro que se escapa / porque no se banca el hambre" (Espinazo). O: "Estoy forzando la huella / de una manera preciosa / ya no estoy frenado adentro / tampoco calado afuera" (Calada). O : "Va buscando la huella / payador perseguido / lo que queda en la tierra / quedará en el olvido / Nunca vendas el alma / payador perseguido / lo que es parte del tiempo / siempre queda prendido" (El gaucho vive y muere en su ley).

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Cuando Ezquiaga habla de sus diez años con la música piensa en términos de cinco discos: los tres de MTM y los dos solistas. Olvida mencionar otros dos: Vivo Pescador (2010) y Parte del Minuto (2012). El primero fue grabado en vivo en las Sala Pugliese del Centro Cultural de la Cooperación y el segundo es un EP editado junto a Antonio Birbent. 

Si bien él se excusa en que los otros son los discos madres y éstos dos son apenas continuidades (uno de Un buen pescador y el otro de Hombre golpe), no habría que dejarlos pasar sin una escucha atenta pues en ambos casos hay una profundización de los conceptos con los que trabajó en los discos de estudio. 

En Vivo pescador se puede escuchar el trabajo que hace Ezquiaga con los loops y cómo el dominio que tiene de la herramienta lo lleva a construir en caliente ritmos y armonías que no dejan "descubrir" la canción hasta después de un buen rato. Es un trabajo en directo sobre canciones ya existentes pero que al ser armadas desde cero y en vivo coquetea con el riesgo de improvisar y hacerlas sonar de nuevas maneras. 

Parte del minuto es una colaboración donde pudo correrse del lugar de músico para trabajar como letrista. Está claro que quienes escuchamos música como un todo tenemos asumido que escribir letras de canciones también es parte del oficio del músico y de hacer música. En este caso, Birabent aportó las melodías para que Marcelo pusiera las letras. El trabajo, al fin y al cabo, fue con la sonoridades, haciendo dialogar el sonido de las palabras con las músicas ya compuesta previamente. Un arte en sí mismo.

En fin. Algo de todo esto apareció a lo largo de una charla relajada donde escuchamos, por lo menos, una canción de cada disco.

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PD:

"Ya no estoy calado afuera", canta Ezquiaga en Calada. Esperamos con esta breve aproximación a su obra no estar colaborando a una nueva forma de etiquetamiento de su música. Esperamos, a su vez, no colaborar en eso que la prensa suele hacer a menudo y muchos oyentes y lectores buscan desesperadamente: tenerlo calado. Si así fuere, corresponde al artista volver a correrse.

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Para descargar el programa:

Bloque 01 ACÁ

Bloque 02 ACÁ

Bloque 03 ACÁ

Bloque 04 ACÁ

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