"Si se democratiza el aprendizaje del acordeón va a ser mejor para todos" - Lucas Monzón presenta 'Franco'


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El acordeonista chaqueño Lucas Monzón tiene nuevo disco. Se llama Franco y no podríamos decir que es el disco de un acordeonista a secas, sino el de un artista que piensa su música más allá del lucimiento personal o de la destreza con que pueda tocar el instrumento. Si bien es cierto que la historia del acordeón predispone a ir hacia determinados lugares, Lucas se zafa de eso y pone el foco en generar climas. Cierta fascinación por lo nocturno llevan a pensar su música (que incluye composiciones propias y de Patricio Hemrosilla, Fermín Fierro, Roque Gonzáles, Alejandro Mazoni y Carlos Aguirre) como ese espacio donde generar una atmósfera que nos permita estar, sin que eso signifique olvidarse del baile, por ejemplo.

"Muchas de las canciones yo las pienso más melódicamente, no tanto desde una cuestión física del instrumento o de su idiosincrasia", nos dijo en su visita a Patologías Culturales el sábado pasado. "Me valgo de la función que tiene el acordeón dentro de un contexto de banda, quiero que se generen esos climas de conversación".

Monzón reconoce que esa concepción de la música la fue incorporando de a poco. Ya se podía reconocer en Noctámbulo -su anterior disco- y ahora aparece en composiciones como Encuentro, Chamamé oscuro, Algo pasó en el baile o Tarde dorada. ¿De dónde viene? De ver a otros referentes acordeonistas que no tocaban a la manera tradicional. "El chamamé tradicional sí tiene una ejecución más virtuosa de acuerdo a su ejecutante", reconoce. "Aparte, sabemos que los músicos chamameceros no tiene la posibilidad de formarse académicamente, no hay una línea que seguir ni está al alcance de cualquiera el aprendizaje del instrumento. Como es un instrumento complejo, por lo general, los que tocan tienen una cierta facilidad natural para manejarlo. Yo tenía esa idea desde muy chico: toco el instrumento, todo el mundo me acompaña y voy al frente".

Pero el tiempo fue haciendo lo suyo. Músicos como Toninho Ferraguti lo ayudaron a pensar el contexto y cómo ocupar un lugar dentro del todo: "Su plan era incorporarse melódicamente al resto de los instrumentos, eso era una decisión estética", dice asumiendo como propia esa manera de encarar la música.

Nacido en Charata por razones hospitalarias y criado en la localidad de Hermoso Campo, provincia de Chaco, Lucas vive actualmente en Resistencia, "en un barrio que no es muy ruidoso. Pero te sentás a la mañana con el mate y hay una moto guadaña cortando el pasto y es muy fuerte", relata entre risas.  Eso lleva a que el momento con el instrumento sea la noche: "Soy nocturno, vivo bajo poca luz. Disfruto mucho de tocar y convivir con la música a la noche, donde hay más silencio. Me incomoda mucho el ruido, no puedo concentrarme si hay ruido exterior".

La conversación fue mucho más allá de esta pincelada que destacamos: cómo construir la propia forma / la improvisación / los pilares del chamamé / Isaco Abitbol, Antonio Tarragó Ros y Ernesto Montiel ("uno de lo que más marcó aquí en Buenos Aires") / las tonalidades mayores y menores en el género / la política cultural en Resistencia / el Negro Aguirre.

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Para descargar la entrevista ACÁ.

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Democratización. "Si se democratiza el aprendizaje del acordeón va a ser mejor para todos".

Tonalidades menores I. "Hay una gran disyuntiva entre Entre Rios y Corrientes, y las otras provicncias. En Entre Ríos prevaleció el chamamé tarragocero en tono menor. Monchito Merlo es un gran referente de eso. Tarragó en una época lo tocaba, pero al ser tonalidad menor era más melancólico, no tan alegre, no tan propicio para bailar. Por lo general Tarragó Ros tocaba un pedacito de Madrecita (que estaba en tonalidad menor, melancólico, dedicado a su madre) que tenía una glosa, un recitado, y después arrancaba con todo. En Entre Ríos me decían: 'Lo más importante es que toques chamamé en tonalidades menores' [risas]".

Tonalidades menores II. "No sé por qué las composiciones de este disco están en tonalidades menores. Debe ser porque uno de mis referentes era Monchito Merlo. Él marcó una línea, dijo: 'Ahora el chamamé en tonalidad menor también se va a bailar'. Y se consoliidó mucho eso en la zona de Santa Fé y Entre Ríos".
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