jueves, 28 de noviembre de 2013

"Si vas a hablar es porque tenés qué decir, sino callate". Entrevista con Gabo Ferro para descargar


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Programa N° 424. Y de lujo. Porque nos visitó Gabo Ferro. En 2006, un año después de editar Canciones que un hombre no debería cantar, su primer disco, y antes de sacar a la luz Todo lo sólido se desvanece en el aire,  charlamos por primera vez con él. Después de esa charla fue que empezamos a pensar en la posibilidad de que otra canción existiese, una que se hace artesanalmente, que se sostiene en un deseo, que es urgente, que prescinde de aparatos de difusión, que se hace al andar, que escupe si tiene que escupir y que acaricia si tiene que acariciar. Más adelante apareció Mañana no debe seguir siendo esto y después Amar temer partir. A esa altura entendimos que su canción era inseparable de quién la porta y el portador de esa voz que amaba y que odiaba era Gabo.  

Aparecieron más discos en los que Gabo siguió cantando, creando, diciendo, respirando y dándole al silencio un lugar cada vez más preponderante. Nos enseñó que a veces hay que subrayar el silencio. Fin de fiesta, una de las canciones más destacadas de La primera noche del fantasma, su último disco, está pensada con el silencio como pista de despegue y su cuerpo como pista de baile. Sí, porque como si fuera poco, el único acompañamiento que se permite en esa canción es el de sus manos percutiendo su pecho (su propio cuerpo). 

AQUÍ dejamos la entrevista completa para descargar y más abajo algunas reflexiones  por escrito de su paso por nuestro programa.

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Sobre las letras de canciones:

"Yo me enojo bastante cuando veo ciertas letras en general y celebro muchísimo cuando veo un letra que me gusta, la divulgo, la agito, no puedo hacer cover porque no me sale bien, no se me hacen carne entonces no lo puedo cantar. Yo no repito estribillos a no ser que sea necesario. Y no repito estrofas (...) Me apropié del gesto punk de que una canción de un minuto y medio alcanza si es lo que tenés para decir. No  tiene porqué durar tres minutos treinta (...) Y me gusta que la canción sea así porque creo que así debe ser. A veces hay canciones que no tienen esa pretensión y están buenas también, y hay otros géneros y estilos o subgéneros que ni siquiera le interesan la letra y celebro mucho también. Pero yo creo que si vas a hablar es porque tenés qué decir, sino callate".

La canción:

"Con la canción, en los 80s, hubo esa cuestión que después en los 90s se reforzó: vamos a bailar y todo lo que no sea bailar es horrible, pelotudo, facho, no hay que pensar, a mover las piernas, a mover las patitas...y todos salieron a bailar. La verdad es que yo puedo bailar perfectamente y después puedo ponerme a pensar y a cantar. Aparte no soy de los que cree que la música no debe -además- entretener. No veo al entretenimiento como una pelotudez, pero no veo como una cosa menor que también deba colocarte en un lugar crítico, en un lugar problematizado, en un lugar de revolución. Insisto con esto: uno no debería ser el mismo después de escuchar ciertas canciones, uno tendría que sentirse en algún lugar levemente modificado, más bueno. A mi hay canciones que me hacen sentir mejor persona. Y la ambición de uno como artista es poder aportar canciones e interpretaciones, y recitales y cosas para tratar de que de provocar en la gente (y todos juntos, no "el artista" y "su público") una revolución".

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"¿Cuántas veces yo me he hecho cargo de personajes en las canciones que no tienen nada que ver conmigo? Voy a negar el mar es una repugnancia, un tipo que niega su contexto y se lo lleva puesto. Es un tema que me encanta hacer y que no tiene nada que ver conmigo. Todas esas miserias no se pueden cantar bellamente y todo tiene que ver con esa no belleza, con temas no tratados, con cuestiones no visitadas porque la canción tiene que hablar de otra cosa y ahí es donde pienso en el lugar realmente crítico y revolucionario que debe tener la canción. Y no en términos de crisis y revolución a los 70. Estamos en este lugar del mundo y este momento histórico. La crisis y la revolución tienen que ser lo que somos y lo que debemos ser. Los artistas y cada uno desde su lugar tiene que intentar provocar esto".

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Los conciertos: 

"Los conciertos son largos y voy haciendo un desarrollo. La energía se va moviendo y no soy yo cuando canto. Yo soy de los que cree que el momento de la interpretación es un momento que está relacionado con lo esotérico y con lo mágico. Y desde ahí me entrego. Por eso a veces no me acuerdo el acorde, no sé, me chupa un huevo, tiro la guitarra y después la vuelvo a agarrar". 

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Los Verbonautas:

- ¿Qué recuerdo tenés de Los Verbonautas?

- Muy bueno. Recién pensaba  que con Palo (Pandolfo) trabajábamos de la misma manera, yo lo reemplacé en Los Visitantes en una fiesta de la revista Revólver y hubo una fecha más que Karina se debe acordar bien. Fue después de Espiritango, Ariel Minimal en la guitarra y yo cantando. Fueron un par de fechas que él se había roto una pierna. Con Ariel nos mirábamos porque estábamos ocupando el lugar de alguien a quien nosotros amábamos y amamos, y estaba cantando con esa banda que yo adoraba y fue muy lindo. Ese disco es maravilloso.  Y con Los Verbonautas fue muy lindo mientras duró. Yo me fui en el momento donde se empezó a poner todo muy producido. Para mí fue el colofón cuando salió la cuestión de que  el Rojas iba a publicar un libro de poesías de Los verbonautas. Dije: "Hasta acá. Si la idea original era ir por fuera, ¿cómo es ahora? Si era un lustre no haber pasado por Puán, ¿de repente ahora nos va editar un libro el rojas?" Y me fui (...) Yo la pasaba bárbaro, me ha acompañado gente preciosa por su obra, por su don de gente y los quiero y los atesoro. De hecho con algunos de ellos nos vimos mucho. Con Karina nos vemos mucho, viene a los conciertos.

- ¿Con Vicente Luy te veías?

- Sí, mucho. Lo que pasa es que ...no sé. Yo estaba haciendo un ciclo y vino, fue poco antes de su salto en Salta. Pidió abrir un concierto mío. Hablaba muy lentamente y yo la verdad que no sabía qué iba a hacer, había mucha gente. Yo dije: "No puedo de ningún modo pedirle a Vicente que no lea". Y lo que hizo Vicente fue tremendo. Colocó a todo el mundo en un pulso y en un status de milagro, realmente de milagro, de viaje. Yo creo que él estaba, más allá de todas las cuestiones que él acusaba de sí mismo, muy bien. Me pasa, ahora que estamos con Emilio García Whebi trabajando tanto Artaud...ahora lo estoy pensando... ese tono, el de la tremenda lucidez que te lleva a la locura. Yo creo que Vicente estaba en un tremendo grado de lucidez que lo estaba llevando a la locura...y a la tristeza.

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