viernes, 16 de abril de 2010

Miguel Abuelo: Es dificil solamente llegarte a los talones




Ir tras las huellas de Miguel Abuelo nunca fue fácil. Para los que somos admiradores de su obra encontrarnos con cosas de su primera época como sus primeros simples, su disco en solitario o sus poemas siempre fue una empresa difícil. Recién de un tiempo a esta parte se hizo posible leer cosas suyas o escuchar esas canciones maravillosas grabadas en Francia bajo el título "Et Nada". Un par de rastreadores de los de antes supieron leer con pericia esas marcas que Miguel dejó diseminadas por la ciudad y nos allanaron el camino a todos.

El lunes a la noche, en el marco del BAFICI, se proyectó en el MALBA “Buen día, día”, la película documental dirigida por Santiago Constantino y Eduardo Pinto que intenta rastrear los movimientos de Miguel a lo largo de su vida intensa. Lo que lograron es radiografiar para toda una nueva generación la figura de un artista inmenso (poeta y músico saludablemente distinto). Dice Andrés Calamaro en una de sus apariciones: “No era un diamante en bruto, era un diamante! Lo demás es bruto”. Y la razón que tiene.

Como eje de la película eligieron a Gato Azul Peralta, hijo de Miguel, que tenía 16 años cuando su padre murió por una enfermedad derivada del HIV en 1988. Gato Azul anda en moto de un lado a otro de la ciudad de Buenos Aires encontrándose con fotos de su padre que están pegadas en diferentes lugares. Son fotografías de distintas épocas perdidas en las calles aledañas a Puente Pacífico, zona por la que Miguel transitó y donde existe una plaza que lleva su nombre. Gato se mueve con una soltura que hace pensar en su padre y en lo cómodo que se sentiría caminando junto con él por ahí. El tono blanco y negro elegido para los momentos en los que recorre la ciudad ha sido acertado. Cada foto que halla es un anzuelo que lo hace avanzar en la historia y – al igual que muchos de los espectadores de la película- ahondar en su búsqueda y reconstruir momentos de la vida de su padre que a él se le escaparon, que no conoce. La película ayuda a Gato a buscar.

A MI HIJO

Nada hay que nada prohíba,
y a todo debes estar despierto,
como el halcón se encorva para la lucha,
como quien recibe ofrendas del cielo.
Aquí, así. Ahora.
En el agua del lago artificial.
Los hombres reman
conduciendo a sus hijos.
(Miguel Abuelo)

Ha sido una buena decisión de parte de los directores, también, la presencia importante de las calles de la ciudad. Miguel Abuelo tenía calle. Todos en aquella época eran callejeros - naufragaban, como se decía a fines de los 60 y está escrito en "La Balsa"- pero Miguel parece ser el que más (Tanguito quizá sea el otro). No sólo por caminar, por dormir, por andar colocado o por deambular por los bares hasta altas horas, lo era también porque salió del barro. Spinetta lo dice clarito, Miguel representaba a corta edad todo lo que ellos aspiraban a ser; mientras ellos eran nenes respetuosos y pendientes de sus padres, Miguel andaba por la calle. Esa era una gran diferencia entre Miguel y el resto. Y era una ventaja. “Tenía la sabiduría que da la calle”, me dice un amigo. Cuando uno está en la calle y recibe golpes no le queda otra que acusar recibo de ellos. Si los sabes entender, si lo podés capitalizar, te da un plus respecto de los demás. Cuando Miguel era golpeado no tenía dónde recostarse, los otros –como dice el Flaco- tenían la protección de los padres.

Yo siempre fui un emigrante, desde chico”, cuenta Miguel. Su voz aparece en off mientras en la pantalla se concatenan una serie de fotos de cuando era niño y estaba al cuidado de su hermana Norma. El recurso de utilizar grabaciones de audio suyas introduciendo distintos momentos de su vida es esencial para sentirse cerca de él porque su relato casi siempre es tranquilo y reposado. También hay mucha música, imágenes de conciertos con Los Abuelos de la Nada, de él solo con la guitarra y –sobre todo- muchos buenos poemas. Cada poema leído por el propio Miguel –también en off- es como una piña a la mandíbula dada por ese muchacho de la foto que está arrinconado contra la pared con los guantes de box y en pantaloncitos cortos. (Aquí quiero hacer una reivindicación: esos poemas aparecen gracias a Juan Alberto Badía, que un día se sentó con él y le pidió que los grabara en un grabador. Muchas veces se lo toma a la chacota, yo creo que tiene un mérito tremendo en la difusión de mucha buena música popular).

Los Abuelos de la Nada

"Los Abuelos de la Nada nacieron en un día que acompañé a Pipo Lernoud a arreglar los papeles de sus obras Ayer Nomás y no me acuerdo cuáles otras más a la compañía Fermata que pertenece a Ben Molar, el señor Brenner. Ellos se habían olvidado de mí por un rato, pero de pronto me descubrieron, y me miraron. Y el señor Brenner, este señor Ben Molar, me preguntó: "¿Y vos que hacés? ¿Vos tenés un grupo?". Me dio la respuesta, te darás cuenta. Bueno, yo siempre fui un propulsor de la verdad, pero la mentira la tengo en la punta de la boca para lo que haga falta, es una herramienta. Entonces le dije "Si, tengo un grupo". El tipo se alarmó porque fui demasiado rápido. Me dijo "¿Y cómo se llama?". Mi computadora, que caminaba muy rápido, sondeó el fondo de mi alma y encontró una frase del gran Leopoldo Marechal (...) Esa frase del libro El banquete de Severo Arcángel decía: "Padre de los piojos, abuelos de nada". Una frase que me pegó mucho. Pintó esa frase, y así como me vino la puse en la palma de mi lengua. Y se la puse ante las orejas de Ben Molar, que inmediatamente descubrió un crack en su personalidad. Hizo crack, algo se contorsionó en él como si agarrás una tortuga con un anzuelo y la levantas. Se contorsionó inmediatamente y me dijo: "Tienen hora de grabación dentro de tres meses en CBS Columbia. Averigüen el horario, su productor va a ser Jacko Zeller". Yo no tenía lapicera, no me moví del lugar. Pipo anotó rápidamente como buen amigo y buen aliado que era. Terminó la reunión, le di la mano y nos mandamos a mudar. Ahí le dije a Pipo: "¿Te das cuenta en la que nos metimos?" Y él me contestó: "No te preocupes. Vamos ya mismo a la plaza y encontramos a todos los músicos"

Esa anécdota constituye otro de los momentos representativos de la personalidad de Miguel. Por el tema de la mentira lo digo. Porque ser un propulsor de la verdad pero tener a la mentira en la punta de la boca por las dudas, implicó que eso que dijo que existía y en realidad no (Los Abuelos de la Nada como grupo) finalmente tuvo que hacerse carne. La mentira no fue una forma de evadir el momento o de patear la pelota para adelante, fue el modo de empezar a materializar un deseo muy profundo. Nadie podría decir que Los Abuelos de la Nada surgieron de una mentira, no sería cierto.

Si algún legado dejaron sus poemas y sus canciones es que existe la posibilidad de vivir de otra manera, que es posible desestructurarse, que es posible volar y no estar encorcetado por las responsabilidades de todos los días que van a contramano de esas líneas poéticas que dicen:

“ Oye niño / no seas tonto/ Haz tu cabeza estallar / Todo lo que ata es asesino.”

Miguel, como todos, tendría sus propias ataduras. Y si las tenía se las fue sacando. El movimiento de su cuerpo arriba del escenario, bailando alocadamente, moviéndose como le dictaba el corazón de su música, es una metáfora de lo que hacía con sus versos y con sus músicas. Era libre. Los juntaba y los separaba, los rompía, los estiraba, los cortaba, los cantaba con todo el caudal de su voz, hacía que las palabras viviesen hasta que con un hilo de voz las hacía agonizar. Y la mención al cuerpo no es casual porque si hay algo que se nota en las imágenes que aparecen en “Buen día, día” es que era un artista, una persona, que le ponía el cuerpo a la vida. A la vez era muy sexual, veta que empieza a explotar bastante más en la década del 80 cuando sus bailes son cada vez más liberadores y empieza a aparecer en escena con ropas ajustadas color fuccia y la cara cargada de maquillaje. Hay una escena en la película que -me imagino- ha de ser típica de esos tiempos: un plano donde se muestra la intimidad de los camarines y una mesa llena de maquillajes, sombras, base, rush, polvo y espejitos. Sí, todo el set completo.

“Pechito bailarín
según el paladín
siempre al frente
temerario o valiente
un ejemplo de talento urgente
un Maradona que mezclaba todo
un chico de la calle, iluminado y zarpado
con mala leche y con humor
con cierto candor
un ejemplo de lo que es vivir fuerte”

(…)

“Si tenías algo que decir
lo decías dos veces
y tenía buena piña Miguel
y sabía a quién acostar
a quién regalar, a quién olvidar
y vivir
nos enseñaste a todos un poco de sentido
de la senda musical”

(“Con Abuelo”, Andrés Calamaro)

Por poner el cuerpo también en muchas oportunidades se cagó a trompadas (“tenía buena piña Miguel”). Era camorrero. Pero hubo un momento en que abandonó la violencia (así lo dice algunas veces en la película) y para escaparle al conflicto decidió empezar a regalar, a desprenderse. La primera formación de Los Abuelos de la Nada tenía a Pappo como guitarrista. Cuenta Miguel que desde un tiempo atrás ya existía una intención del Carpo de volcar el sonido de la banda hacia algo más blusero que en realidad –uno imagina- no es ni más ni menos que el sonido de lo que después terminó desarrollando en Pappo´s Blues. “Un día llego a la sala de ensayo y encuentro a Pappo que repetía blues blues blues”, cuenta Miguel. “¿Vos querés blues? Quedate con la banda, te regalo Los Abuelos de la Nada”, le dijo. “Este estaba con el blues y mi cabeza era una coctelera”, remata.

Muchos amigos y músicos desfilan dejando su testimonio: Jorge Pistocchi, Pipo Lernoud, Cachorro López, Daniel Melingo, Luis Alberto Spinetta, Daniel Sbarra, Gustavo Bazterrica, Alejandro Medina, Kubero Díaz, Miguel Cantilo, Andrés Calamaro, su hermana Norma Peralta, su ex mujer Krinha y Juanjo Carmona entre otros.

Pistocchi dice que era “como un filósofo andariego” y que cuando lo conoció “nunca dijo que era músico”, Cachorro que si no se hubiese cruzado con él nunca hubiese llegado a donde llegó, Daniel Sbarra cuenta anécdotas donde rescata la facilidad que tenía Miguel para cambiar los planes sobre el momento que –nuevamente- respondía a ese espíritu libre que él ejercía; el flaco Spinetta, como escribí más arriba, habla de un Miguel que estaba todo el día colocado y –atención: dato no menor- subraya que sus letras fueron decisivas para darle forma a su propia poética. Todos se deshacen en elogios y en anécdotas. Respecto de Spinetta vale recordar esto que dijo en el concierto con sus Bandas Eternas, en diciembre de 2009, cuando hizo una versión de Mariposas de madera: “Yo creo sencillamente que existe Muchacha ojos de papel porque existe Mariposas de Madera, inconscientemente me afané Ojos de papel. Les juro que no fue adrede pero reconozco que algo de eso hay”. Ahí hay una marca y nada menos en el que quizás es el compositor más importante de nuestro país. Ese fue Miguel Abuelo.

Por último, el otro testimonio que resalta por su honestidad brutal es el de Andrés Calamaro. Llegados los 80, Miguel está de vuelta en Buenos Aires y forma otra vez Los Abuelos de la Nada. Tiene un éxito que nunca había tenido en toda su vida –dice Cachorro López-. Calamaro lo recuerda así: “Si algo faltaba para terminar de no entender a Miguel era el éxito… y mis canciones”. El éxito le ganaba a la poesía, era el triunfo del hit y, en cierta medida, el pasaje a un relativo ostracismo de Miguel Abuelo. Esta película viene a hacer justicia y a aportar su grano de arena para que sea redescubierto y valorado por las nuevas generaciones como lo que es: uno de los grandes genios que dio a luz esta ciudad.

1 comentario:

Santiago Kahn dijo...

Es realmente muy buena la peli, ojalá pase por el Gaumont!

Saludos