"No se podía responder con un poema, había que responder con una obra que fuese tan contundente como la violencia y como el daño que estaba ejerciendo el gobierno militar sobre tí, sobre un pueblo, sobre una comunidad". Autorretrato de Raúl Zurita
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Programa N° 554. Hacía mucho que buscábamos el hueco para meternos con el poeta chileno Raúl Zurita y lo encontramos. Dedicamos una hora a escuchar gran parte de una entrevista que dió a la Universidad de Alicante en 2013.
Su asomarse a la poesía fue con Purgatorio, un libro de 1979 que nace de un acto autolascerante. Después de ser bajado de un colectivo por los militares y de ser humillado, llegó a su casa, puso un fierro al calefón y cuando estaba bien caliente se lo apoyó sobre una de sus mejillas. En ese acto -ha dicho Zurita- estaba pariendo Purgatorio, un poemario que escribió desde la humillación más baja a la que puede llegar un ser humano o un sobreviviente, como le gustaba llamarse: la tortura, la pobreza, la perturbación mental. Un desesperado que vuelve a poner la otra mejilla una y otra vez. "Todo lo que venía haciendo desde antes encontró un cauce - dice. Es que llegó un momento en que ningún discurso - ni la poesía nerudiana, ni la ironía de Parra- servía para dar cuenta de ese quiebre radical que significó el golpe militar en Chile. Y de mi propio quiebre".
Además de editar poesía (Anteparaíso, INRI y Zurita son otros poemarios necesarios), formó parte del Colectivo Acciones de Arte (CADA) con el que realizaron intervenciones artísticas en plena dictadura pinochetista.
En esta conversación habla de arte, poesía, política y de su vida.
Su asomarse a la poesía fue con Purgatorio, un libro de 1979 que nace de un acto autolascerante. Después de ser bajado de un colectivo por los militares y de ser humillado, llegó a su casa, puso un fierro al calefón y cuando estaba bien caliente se lo apoyó sobre una de sus mejillas. En ese acto -ha dicho Zurita- estaba pariendo Purgatorio, un poemario que escribió desde la humillación más baja a la que puede llegar un ser humano o un sobreviviente, como le gustaba llamarse: la tortura, la pobreza, la perturbación mental. Un desesperado que vuelve a poner la otra mejilla una y otra vez. "Todo lo que venía haciendo desde antes encontró un cauce - dice. Es que llegó un momento en que ningún discurso - ni la poesía nerudiana, ni la ironía de Parra- servía para dar cuenta de ese quiebre radical que significó el golpe militar en Chile. Y de mi propio quiebre".
Además de editar poesía (Anteparaíso, INRI y Zurita son otros poemarios necesarios), formó parte del Colectivo Acciones de Arte (CADA) con el que realizaron intervenciones artísticas en plena dictadura pinochetista.
En esta conversación habla de arte, poesía, política y de su vida.
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Purgatorio. "Purgatorio
se origina en un acto autolascerante, autodestructivo. Yo me lo puedo
explicar a mí mismo como dentro de la violencia que se vivía en aquellos
años, 74 o 75, en el Chile de Pinochet. Yo recuerdo una anécdota tal
vez trivial: me botaron de lo de un bus en un acto de prepotencia
absoluta. Fueron unos militares... por el aspecto. Les parecí
seguramente una especie de mendigo. Yo no estaba nada bien, la estaba
pasando bastante mal. Yo lo sentí como un acto... una cosa tan pequeña
pero que significaba el máximo de la humillación. Entonces me acordé de
la frase del evangelio de poner la otra mejilla y me quemé la cara
encerrado en un baño, en un acto bastante delirante, sin fotógrafos ni
nada. No estaba haciendo una acción de arte, no estaba haciendo una
performance, no estaba haciendo absolutamente nada; estaba haciendo algo
que tuviera una significación para mí. Después que pasó eso, que fue un
episodio violento y fuerte, sentí que algo había comenzado, era como
decir que los yoes que andaban repartidos por la tierra, mis propios
yoes distintos, se agruparon con eso. Empecé algo. Y cada vez siento más
que vuelvo a eso mismo, a esa misma partida. Es el comienzo de lo que
yo buena o mediocremente haya podido realiza en 40 años casi".
Anteparaíso. "Anteparaíso es un libro que se abre mucho más que Purgatorio.
Lleva a una dimensión colectiva, a una dimansión de la esperanza,
también es como algo que uno vislumbra. La escritura en el cielo es algo
que imaginé en circunstancias muy atroces, fue cuando me quemé la cara,
en medio de trabajos que hacía para mandarle plata a mis hijos. Era un
mundo muy muy muy duro, y no solamente el mío. Lo mío no era lo más
fuerte, lo más fuerte era la pobreza, la racha extrema de pobreza y no
tener a qué apelar. La forma que yo tenía (creo) de no sucumbir y no
colapsar psicológica o humanamente era imaginarme otra cosa, era
imaginarme una escritura en el cielo. Yo tenía el recuerdo de haberlas
visto de niño alguna vez, pero yo no sabía si era un sueño o las había
visto realmente. Uno no sabe si los recuerdos son sueños o son
recuerdos. Y me imaginaba esta escritura en el cielo que finalmente la
pude hacer con los amigos del CADA en 1982 en el barrio de Queens, un
barrio muy pobre de EEUU, lleno de inmigrantes. Entonces, fue escribir
un poema que me imaginaba, que lo traía en mi mente desde hace 8 años,
donde iban apareciendo palabras que para mi eran significativas: 'Mi
Dios es hambre, mi Dios es guetto, mi Dios es chicano, mi Dios es
paraíso también, mi Dios es pampa'. No era solamente una imagen del
horror sino del sueño también, de la esperanza...y del dolor. Y fue
increíble cómo lo logramos hacer, yo siempre digo que esos son trabajos
que uno hace solamente con la pasión, porque no teníamos medios para
hacerlo, no teníamos cómo hacerlo y sin embargo lo hicimos (...) Yo
sabía que si Anteparaiso si no tenía las fotografías de eso no
iba a salir nunca, o sea, nunca habría estado hecho, era esencial. La
fotografía se hizo en 1982, en julio, y el libro salió 8 meses después
(...) Yo lo entiendo como una necesidad interior, no lo entiendo como un
acto vanguardista. Es lo más íntimo que yo haya hecho".
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EL CADA: "Yo
no era un guerrillero. Era un tipo que había estado en las juventudes
comunistas y en ese momento estaba solo porque la militancia estaba
quién sabe dónde. En fin... Pero entendía que había que responder y la
respuesta -si tu trabajabas desde el arte y desde la poesía- tenía que
ser desde lo que tu hacías. No podía ser responder
con un poema, sino responder con una obra que fuese tan contundente como
la violencia y como el daño que se estaba ejerciendo sobre tí, sobre un
pueblo, sobre una comunidad. El CADA surge cuando estamos un poco más
articulados (...) Nuestras acciones de arte tenía como objeto reocupar
las calles que estaban absolutamente vacías. Las calles de Santiago
habían sido calles donde la esperanza, las luchas, concentraciones de
300 mil personas, todo eso se daba. Y de repente eran un desierto.
Hicimos una acción que se llamó Para no morir de hambre en el arte, que
giró en torno a la leche y que rememoraba un programa de la Unidad
Popular de Allende que decía: 'Medio litro de leche para todos los niños
de Chile'. Eso duró hasta el momento en que la palabra la toma la
población entera. Cuando eso sucede, cuando empiezan las grandes
protestas masivas, cuando las calles se llenan de velas, de verdad
entiendo que lo nuestro ya no tenía sentido y se había acabado".
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