viernes, 28 de diciembre de 2012


Ya salió el nuevo número de la revista La Otra.Número 27. Dentro de la gran cantidad de notas que posee hay una dedicada a Naty Menstrual. Es parte de la hermosa nota que hicimos para el programa de radio. Acá dejamos un editado que salió al aire con la palabra de Naty. Es de lujo. Pero como con el editado no alcanza vayan a comprar la revista. 

https://soundcloud.com/user96649262/naty-menstrual

domingo, 16 de diciembre de 2012

Cabrera, el explorador


“Pienso que mi experiencia es un caso al revés: estuve muchos años sin tener ninguna respuesta clara de si mi trabajo gustaba o, al menos, era considerado. Me sentí mucho tiempo ignorado, ninguneado, entonces ahora me siento armado de otra manera como persona y como músico. Quien hoy indague en mi música no va a encontrar un disco y alguna cosa más, va a encontrar mucha música, lo que habla de alguien que hace mucho que está en este camino” Fernando Cabrea al diario Clarín (5/12/12).



Hace 10 días estuvo en Buenos Aires el músico uruguayo Fernando Cabrera realizando 5 presentaciones en Café Vinilo donde aprovechó para difundir y presentar su libro de poemas Intro (que incluye también un DVD con un concierto en vivo). Presenciamos el concierto del miércoles 5/12 y nos disparó este pequeño texto.


"Hace mucho tiempo que Fernando Cabrera está en la carretera. A sus 56 años recién cumplidos (aquí en Buenos Aires) se acerca a los 20 discos editados. Sin embargo, recién ahora parecemos estar descubriendo que estamos ante un genio. Cada concierto suyo es distinto. En éste del miércoles el disfrute (mi disfrute) estuvo en verle las manos. Esas temblorosas que cuando tocan la carpeta colocada sobre el atril transmiten nerviosismo pero que cuando se posan sobre las cuerdas de la guitarra se entregan al juego de la búsqueda en vivo. La impresión -aún cuando uno sabe que Cabrera es un muy buen guitarrista- es que va explorando el diapasón y no hay automatismo. Que a medida que su voz emite esos versos tan “cabrerianos” (y rioplatenses) va buscando donde posar sus dedos para acompañar la sonoridad de las palabras. Su mano derecha pone a prueba el oído de los presentes cuando trabaja las distintas intensidades con que se puede tocar o percutir una cuerda. Llega hasta lo inaudible. Son poquísimos los guitarristas que lo pueden hacer así. El suyo es un arte que se hace segundo a segundo. Y en tiempos donde todo parece ser tan calculado, que Cabrera se permita descubrir nuevos modos en vivo y nos haga a nosotros testigos de eso, es para agradecer. Un párrafo aparte para su homenaje (y  rearmonización) de Tema de Pototo y Muchacha ojos de papel. Puro disfrute".

lunes, 10 de diciembre de 2012

Desgrabación de la charla que brindó Fito Páez en la Biblioteca Nacional hablando de L.A. Spinetta (19-11-12)





Vamos a hablar. Hablemos de él. Vamos a cantar canciones de él. Vamos a entender qué significa él o intentemos, por lo menos, balbucear entre todos y mirarnos todos a la cara y entender qué significa esta tremenda ausencia en el corazón de algunos, de los que lo amamos más personalmente y de los oyentes, la gente que ha compartido la vida con él a través de un parlante. No sé. Para mi es muy desconcertante todo esto. No sé. Pensaba que nos convocó Eduardo Martí, Dylan, su amigo del alma, y lo que nos junta aquí es estos meses, digamos, de celebración. Me tocó la parte La la la a mí, que es un pequeños episodio en la vida de Luis y uno muy grande en la mía. Porque el disco ya tiene 26 años de editado. Lo hice a los 23, o sea que el tiempo que pasó fue más grande que la edad que tenía cuando lo hicimos.

Fue sorprendente también porque era muy curioso estar grabando un álbum con alguien de quién además había sido fan, alguien a quien le debía la gracia de haberme acercado a la música. Por suerte lo que pasó con este álbum, específicamente, es que fue un álbum que surgió de la experiencia, no fue un álbum de “Vamos a hacer un disco”. No fue una idea de un día para otro sino que nos hicimos amigos primero e hicimos un trío con mi amigo Eduardo Martí. Veíamos mucho cine, hablábamos, fumábamos, bebíamos, nos reíamos y tocábamos música. Conocimos y criamos a nuestros… en ese caso eran los hijos de él, que eran una especie de sobrinos putativos míos también. Entonces allí, en la experiencia de la familia y de la curtida, surgió el álbum. Por eso es que yo quiero tanto a este disco, más allá de la innegable extrañeza y originalidad que posee.  Lo quiero porque surge en circunstancias no típicas para la industria y todavía al día de hoy sigue siendo una gema muy extraña, muy inclasificable. Por suerte.

Y creo que a lo mejor de eso sí puedo hablar un rato: de la inclasificabilidad de Luis Alberto Spinetta y lo terriblemente político que es eso, en el mejor sentido de la palabra. Luis Alberto es un artista autodidacta, de alguna manera, que inventa una poética musical, como diría Stravinski. Yo tengo la certeza, por estar en la música y por conocer muchas formas de lenguaje dentro de la música, de que Luis Alberto es un inventor de una forma que no se parece a nada. A nada literalmente. Esa radicalidad tiene un marco histórico que es la historia de la Argentina. Quiero decir: Luis no es sólo Luis, Luis es también Xul Solar en otro momento de la Argentina.

Dylan Martí: Roberto Arlt.

Fito: Sí, también Roberto Arlt. Es mucha gente rara inclasificable. Argentina tiene mucha historia en eso, por suerte. La ventaja de no pertenecer ¿no? Ok, pertenecemos también a una raza de gente así que es divina, loca, graciosa, libre. Que quiere ser libre. Pero esa libertad uno se la puede meter en la boca y no te anda. Cuando vas al piano y tocás una tontería… Se habla mucho, se levanta mucho el dedo y se inventa poco en éstos días y en éstas épocas más contemporáneas. Yo me moría de bronca por ejemplo cuando me decían: “A mi me gusta el Spinetta de Pescado”. Ahhhh (NdR: hace como un alarido). ¿Entendés? Te ponés loco porque entonces te perdiste todo lo otro que es muchísimo, muy raro, y muy original. Toda su época con Jade ¿no? Es un disparate todo eso, toda esa máquina inventiva de Luis ¿no?

Antes dije la palabra política porque creo que la idea que Spinetta pone en escena es una idea profundamente salvaje e inpolitizable, diría. Que es la puesta en escena de su corazón, de su forma. Lago de forma mía. Andá a saber la cantidad de lecturas que puede haber tenido esa frase pero siempre me llevó a él directamente ¿no? Y a la defensa de lo individual, a la defensa acérrima de su punto de vista y de su inventiva. “Esto así no se hace”, le dice la cultura. Bueno, Luis estaba dentro de la cultura para demostrar que eso sí se puede hacer y alguien tiene que hacer eso también, porque sino el mundo sería un plomo, muchachos, sería muy aburrido. Spinetta nos muestra la gema de lo hermoso, de lo diferente, la búsqueda del placer de la belleza y del amor. Eso es lo que es Luis.

Quiero hablar en presente no porque soy un negador ridículo. Sé que hay un cadáver de Luis Alberto. Pero es. Es en su obra, es en sus hijos, es en nosotros que estamos aquí tratando de comprender de qué se trata esa absurda muerte que no podemos terminar de resolver o de acostumbrarnos a eso. Es desesperante también. No es un café concert esto que estoy haciendo acá. Me cuesta mucho hablar sobre Luis muerto. A la vez es una realidad. Y también está su vida aquí, entonces de alguna forma tenemos que celebrar eso, tenemos que nombrarlo y acordarnos de Luis.
Por eso es tan importante que Horacio Gonzáles haya brindado la Biblioteca Nacional, bajo la idea de Eduardo Martí también, para estar en este momento con Luis en el mejor sentido. Tenemos la presencia de Jorge Álvarez, que es un hombre… Un aplauso para Jorge.

(Aplausos)

A ver, quiero dar un ejemplo que me viene ahora a la cabeza y me dio un poco de envidia. Hace unos años, en 2003, estábamos con un colega en Río de Janeiro y me dice: “Che, hay una exposición de Chico Buarque”. No sé si en la Municipalidad o en una Biblioteca. “Vamos”, le dije. Chico Buarque vivía a 30 cuadras de donde sucedió esto que les voy a contar. Estaba toda esa casa pintada con frases de él; con series fotográficas de él con todos sus amigos; de él en marchas políticas en la calle; de él borracho con Jobim en un bar, los dos con cientos de botellas alrededor de ellos; con la obra discográfica; la obra fílmica; parte de los guiones de la ópera de O Malandro; correspondencia por una pelea por una palabra en un texto que habían estado compartiendo con Vinicius de Moraes. Eso envidriado, en una larga vitrina. La verdad que nos miramos con Gonzalo y dijimos: “¿Porqué no pasa esto con Charly García y con Luis Alberto y con Litto Nebbia y con el Cuchi Leguizamón y la puta que los parió a los argentinos?” ¿Entendés? ¿Porqué  mierda no pasa eso acá? Es incomprensible.

Entonces este encuentro, por más pequeño que sea, es muy importante porque hay registro de esto. Esto quiere decir –ojalá, es un deseo- que la historia del lugar donde vivimos la escribamos, la contemos, con todos los puntos de vista diferentes pero la contemos. Que no le tengamos miedo a las cosas que hacemos y a los artistas que tenemos al lado. Estoy hinchado las pelotas de que le pongan baldosas a gente que no… O sea, que no le pongan una baldosa a Spinetta (aplausos). Es nuestra historia, de acá, del barrio, nos conocemos todos las caras. ¿Yo a vos cuánto hace que te conozco Gabilia? (NdR: Le habla a alguien del auditorio) Y hablamos poco. Es una fan que viene a los shows. Ella y yo estamos haciendo un vínculo en la vida y eso es importante. Hay que dejar un registro de eso para saber quiénes somos.

Mirá las cosas que me vienen a la cabeza. Nadie sabe quién es, por supuesto, pero Alberto Ure arranca uno de sus libros, recopilados por Cristina Banegas y María Moreno, hace ya  muchos años (NdR: Se refiere a Sacate la careta, libro que en realidad fue preparado por María Moreno y prologado por Cristina Banegas donde recopilan artículos de teatro escritos por él en distintos medios). El primer texto que escribe Alberto es uno sobre un norteamericano, un gringo, que viene a la Argentina a registrar, creo, la voz de Osvaldo Terranova, que hacía un tano en la televisión, o sea, hacía una copia de la copia de la copia de cómo hablaban los ítalo- americanos en América. Entonces Ure observa ese fenómeno y dice: “¿Ven? Los gringos hacen y archivan”. Así también se construye una nación. Alberto Ure, mente superior. Y eso es importante. Por eso es importante estar aquí hoy y muy emocionante, porque Luis Alberto sigue aquí entre nosotros.

(Se va al piano).

La la la se grabó en ION con el portugués Jorge Da Silva. Creo que (Osvaldo) Acedo también grabó algunas sesiones o estaba allí. El maestro Carlos Franzetti y muchos músicos.

Dylan: Me acuerdo el día que grabaron las cuerdas fue muy lindo.

Fito: Alucinante. Vamos a tocar Asilo en tu corazón, si me acuerdo. Son 200 mil acordes, Luisito.

(Toca Asilo en tu corazón)

Fito: Quería que probemos algo a ver si se puede transmitir. Es un delirio, por supuesto.  Entre tantas cosas maravillosas que pasaron en el álbum, hubo una secuencia, un momento, que para mi fue inolvidable. Precisamente por la magia que pasó allí. Odio la palabra magia. La magia, la magia. Claro, porque la magia es truco también. Esto no se llama magia, es algo del orden de lo metafísico lo que sucedió allí. La música, por supuesto, es un lenguaje que te permite acercarte a esos colores o a esas formas de percepción.

En un momento llega la grabación de Gricel, que se dividió en dos bloques: Uno fue en el estudio de abajo donde grabamos guitarra eléctrica y piano, que es la base que lleva el tema. Toda esa armonía es de Luis en su totalidad, salvo los últimos 4 acordes que sugerí que fueran esas formas dentro de la tónica del Do y Luis lo aceptó inmediatamente. Pero toda la armonización de Gricel fue hecha por Luis Alberto. Entonces lo que sucede allí es un momento único pero es más formal, son dos tipos tocando los acordes que sería la tela donde Luis iba a pintar. Iba a pintar todo el arreglo de Gricel.

Entonces, lo que quería transmitir, o a lo mejor podemos llegar a vivirlo, es una secuencia que fue… Duró 3 horas esa sesión. Porque eso comenzó con él sentado en un sillón y otro hombre de espaldas que sería yo, que era yo, mucho más joven y con menos fernet encima, escuchando la voz de Luis, con un Farley. El Farley era un teclado digital de primerísima generación en esos años, no había muchos. Y tenía muchos sonidos de fx, sonidos que podían reproducir, como en el caso de Gricel, un tren. En un momento Luis me pidió el sonido de un tren y aquel bicho lo tenía. O pidió un contrabajo, como pidió una voces, me acuerdo que él le decía voces de monjas, unas voces que se llamaban “choire”. Lo que sucede es que inmediatamente entiendo que él está hablándome desde atrás y me gusta la idea. Y digo: “¡qué bien! ¿Qué pasa si seguimos así?” Y siguió así. Y fueron 3 horas de una voz que estaba dictando aquello. Lo que quiero que escuchemos todos juntos ahora, con la luz apagada, es Gricel. Y quiero contarles algo antes para que llevemos un orden: lo que sucede allí…

(Una pregunta del público interrumpe, no se escucha).

Fito: Si, yo supongo que a Luis le habrá parecido un poquito (NdR: palabra inaudible). Y yo quise hacer una versión pop. Nunca hablamos de eso ¿sabés? Pero lo que sí, él decidió dejar esa forma. Entonces también podemos hablar de una adaptación o de una versión, mejor dicho. No un cover de Gricel ¿no? Y allí entra también la cosa linda de los tipos que versionan y es que toman el material y se apropian del material y hacen con eso lo que quieren. Entonces ahí se transforma en una composición propia. Hay una intervención sobre la obra del otro. Porque ya para hacerla como el otro está el otro. Y ahí es donde es muy importante cómo Luis Alberto va dictando esto.

La primera estrofa es piano, guitarra y Luis.

La segunda estrofa termina con el “No te olvides de mi”, que eso era un efecto que después nos sirvió también para hacer la base de Woysek. Es otro tema. Aquel toque siniestro que tiene la canción porque esa voz está casi pidiendo o reclamando de una manera tenebrosa que no se olvide de ella.

Después Luis pide un tren (grita). “Un tren poneme”. Entonces me puse a buscar en los fx y encontré un tren. Jaja. Porque él pedía eso. “Dame un tren”. No tenía medias tintas.
Después pide meter, en la próxima estrofa, un tamborcito para darle un color rítmico y un contrabajo. Entonces yo empecé a tocar la línea y él me dice: “No. Hacé (no me olvido más la palabra) tocalo en baión, con el tumbado. Entonces yo pensaba de dónde carajo conoce Luis el baión (risas). Escuchaba John Mc Laughin. Escuchaba eso Luis. ¿De dónde conoce el baión? Pum. Y ese es el bajo que tiene Gricel.

Y después pide las monjas, que le ponga los choires, unas voces, y una batería Simmons, que era ya la vuelta de la vuelta de la vuelta ¿Cómo vas a hacer Gricel con una batería Simmons? Ok. ¿Porqué no?

Así se armó el tema. Y otra cosa que sucede en Gricel y sucede en casi todo el álbum - ahí me lo anoté también- es que Luis tenía una idea hermosa (ahora veo lo hermosa que era, en ese momento no llegué a disfrutarla como la disfruto ahora). Él decía: “Cantá que yo te copio todas la inflexiones. Y yo voy a hacer lo mismo y vos copiás la mías”. Y así se armó una sola voz. Acá sucede en algunos tramos de la canción, pero también en muchos tramos del álbum. Y es extraordinario eso. Porque, por ejemplo, en Hay otra canción todas las inflexiones que hacemos son muy raras de copiar y allí está eso.

Ya que les conté un poco cómo se armó el diseño de Gricel les propongo bajar luz y escucharlo, a ver si pueden viajar o pueden tener idea de qué fue lo que fui sintiendo yo estando de espaldas en ese momento.

(Se bajan las luces y suena Gricel).

Voy a cantar un tema que me encanta.

(Sigue sentado al piano y toca y canta Los libros de la buena memoria/ Resumen Porteño /Ella también. En la última estrofa de Ella también canta: “Viene a oir melodías de estrellas”. "Yo escuchaba esto", dice a las apuradas, antes de continuar con el siguiente verso. Paez escuchaba "Viene a oir melodías de estrellas" en vez de “Viene a dormime movida movida de estrellas”. En ese momento se coló la parte íntima de su experiencia con la música de Spinetta y su faceta como oyente de música. Porque en ese “yo escuchaba esto” que dijo Fito, cualquiera de nosotros nos podemos reconocer. En nuestra experiencia con la música todo el tiempo escuchamos frases que no son. Y eso termina por lograr que el que escucha pueda, a su manera, a partir de un fraseo poco reconocible, realizar su pequeño y no buscado aporte).

Fito: Anoche estaba más borrachín en casa y escribí esto:

Luis Alberto Spinetta es inenarrable.
Si intentara hablar sobre él, él me sacaría rajando.
Hace unos meses no murió Luis, ni él se lo cree.
La gente habla de la luz al nombrarlo, incluso yo.
Error. Porque luz no es amor.
Amor es él.
Luz es luz.
Luis es amor.
La luz viaja de una forma física, conocible y comprobable a través del tiempo.
Luis es inmanejable, salvaje y único,
Así incomprobable, así el amor. Luis.
La luz es otra cosa.
Será el reflejo del amor y lo demás.
Aquello que vive en todas las casas cuando cae el sol
y a todos nos pertenece.
A la hora de hablar o soñar a Luis,
que es lo mismo para quienes lo amamos,
las palabras se nos vuelven vanas.
Porque así es el amor.
Luis al amor.
Entonces, cuando vemos la luz partir en la pared
hacia el infinito
a las 7 de la tarde
en el patio de nuestra casa
lo vemos a él
iluminando el mundo,
quedándose y yéndose,
hecho de todo y nada.
Su brújula mira hacia siempre.
Siempre.

(Aplausos)

(Canta Rutas Argentinas)

Fito: Gracias. Fue muy emocionante estar aquí para celebrarlo a él. Vamos a hace alguna de La la la. Vamos a contar un poco la industria rápido, el pobrerío de la industria. El disco lo sacan EMI y Pelo Aprile que es alguien a quien yo quiero mucho, un loco del negocio que siempre hizo cosas insólitas, entre ellas producir La la la. Y entonces en un momento no sé qué pasa con los masters, aparece el CD y alguien, no sé quién fue…No entraba todo en el CD ¿entendés? No entraba. Saquemos el último tema (risas). Ni siquiera fue llamar para consultar: ¿qué tema? ¿te parece? No. ¡Sacan el último tema que era el único que habíamos compuesto juntos! (risas). Por supuesto que todo se compuso juntos porque como les conté de Gricel, Gricel fue un acto de composición también. Es un álbum de composición. Pero para éste (NdR: Hay otra canción) nos habíamos juntado con la viola, la letra, el papelito, lo llamamos a Franzetti. Ok. No estaba en el CD. Ahora está, por suerte, porque lo sacaron en dos CDs. Así que la vamos a cantar. Hay otra canción. Que aparte hay que contar esto también, porque también Luis está involucrado en esto que voy a decir ahora. Hace un mes o tres semanas aconteció un concierto inolvidable y extraordinario en la ciudad de Buenos Aires. En el Teatro Coliseo cantaron todos los cancionistas de entre veinte y pico y…no llegaban a los 40, treinta y pico. Todos excelentes, con una gran orquesta sinfónica y con arreglos maravillosos. Fue muy emocionante porque era mucho material, mucha música original, entonces fue emocionante porque confirmó que la ciudad de Buenos Aires está viva y que de alguna manera ese espíritu que representa Luis y que nos guía, o forma parte de una esencia disparatada y divina argentina, está vivo todavía. No hay pantalla, no están mucho en la tele ni en internet. Pero la ciudad está viva, eso es lo que quiero decir. Y ellos tuvieron la deferencia de ponerle a ese espectáculo el título de esta canción que es Hay otra canción. Así que les quiero agradecer también a ellos.

(Toca y canta Hay otra canción) 

martes, 4 de diciembre de 2012

Daniel Melero en el CCEBA





Hace dos semanas, en el Centro Cultural de España en Buenos Aires, se presentó el libro “Ahora, antes y después. Conversaciones con Daniel Melero”, escrito por Gustavo Álvarez Núñez. Si es cierto que todas las presentaciones de libros suelen ser realizadas para que quienes participan de la mesa intercambien halagos, unos con otros, todos con el autor, ésta noche no fue la excepción. Daniel Melero, el artista que desconcierta, el que pone en tela de juicio todo lo establecido, escapó a lo previsible hablando lo mínimo indispensable. Quién más habló fue el ensayista y coordinador de la mesa Rafaél Cipollini. Apenas pudo esbozar unas palabras Álvarez Núñez, que se emocionó hasta las lágrimas. Melero dijo poco, en un guiño cómplice con quienes habían poblado la sala, la mayoría –daba la impresión- amigos o conocidos. Habló para ellos. Sobre todo. Una lástima.

Del libro ya hemos hablado al aire algún sábado. Probablemente sea de lo mejor que se editó este año. Es una autobiografía rara, como dijo Cipollini. “Si uno lo agarra en una librería y agarra fragmentos al azar (…) uno ve y puede pensar ¿qué es lo que estoy leyendo? ¿Un libro de ideas? ¿Una autobiografía? Pero una autobiografía escrita por Gustavo Álvarez Núñez. Entonces una autobiografía ajena. Ya estamos en algo. Empiezan los problemas. Es una autobiografía que está escrita por otros. ¿Qué escribió entonces Gustavo Álvarez Núñez? Enseguida uno mira y se da cuenta de que hay preguntas muy formuladas pero las preguntas no están. O sea: es una autobiografía donde hay preguntas pero las preguntas están ausentes del  libro. Entonces lo que vemos son fragmentos de algo que pueden leerse de muchas maneras. O sea que es una autobiografía pero que ni siquiera sigue un orden cronológico, sigue otro orden”.

Y sigue Cipollini.

“Hay una frase que está muy repetida de Bob Dylan, no sé si es apócrifa o no, donde se hace cargo y dice: ‘Sí, estoy adelantado. Pero estoy adelantado 5 minutos nomás. Así que revisen un poco en los lugares cercanos y me van a encontrar’. A mi me gusta mucho esta frase porque se hace cargo de que es un adelantado pero no dice alcáncenme, corran. Dice: ‘búsquenme en un lugar. Vean cerca’. No se trata de alguien que está adelantado sino de alguien que está en un lugar donde no lo estamos buscando. Y esto se aplica perfectamente a cualquier cosa que tratemos de husmear de Daniel Melero. Está en un lugar donde no lo esperamos”.

Qué matete. Porque justamente caímos esa tarde en el CCEBA esperando encontrar a Melero pero resulta que Cipollini nos estaba advirtiendo que ese que estaba sentado a su lado, el que íbamos a ver, en realidad no estaba. ¿Es que entonces ese que veíamos allí no era Melero? Sí lo era, pero efectivamente lo habíamos ido a buscar al lugar equivocado. Hizo todo lo posible para que terminemos por entender que lo importante no iba a ser nada de lo que allí dijera sino aquello que estaba volcado en el libro. Hubo una advertencia de su parte: “Yo, si pudiera, de Melero me separaría”. Pues algo de eso había: estaba el libro, o sea un Melero por otros medios, donde ya quedó plasmado para siempre su pensamientos fuera de lo común para el mundo del rock y del pop; y el Melero que sentado a la mesa deseaba separarse de sí mismo.

 Este último fue el que dijo:

“Existe lo público y existe lo privado. Y lo privado a veces es público y uno publica y es engreído como todos aquellos que lo hacen. Yo no encuentro  mayores virtudes en mucha gente que publica. Pero sí encuentro que, a través de la vida, los que me acompañan siempre me contuvieron y me eligieron. Yo creo que hice grandes elecciones en mi vida a través de los años. Así como se me ve como el propulsor de una gran cantidad de cosas, tal vez propulso aquello que me inspira y eso sigue funcionando en mí”.

“Les quiero decir que es muy fácil ser un visionario”.

“Yo soy consecuencia de. Siempre tuve tácticas y estrategias, inclusive en este momento que parezco ser emocional (...) Día a día vivo sentimientos que me tocan con todos aquellos que me rodean y con mis recuerdos y con mis extrañas ilusiones. Siempre encontré algo en lo que parece inútil, en ese lugar que parece que es lo que no hay que hacer. Y eso me dio más una trayectoria que un presente. Y ese trayecto pienso hacerlo hasta el año que viene que tengo planeado el Senil Tour (risas)”.

“Siempre mis discos fueron peores que el anterior para gran parte de la crítica. Es maravilloso, debo estar en el – 50 (menos cincuenta). Tal vez debo ser medio persistente”.

“Tengo teorías entomológicas que no serían aceptables, como las mías musicales”.
“Me atrae mucho la idea de que un hormiguero es una entidad, que una colmena es una entidad. Y avalando todas esas teorías de mi homosexualidad, podríamos decir que se trata de grupos femeninos. Al yo tener un cierto enfoque femenino, que involucra la innovación en los sonidos (también es así en los insectos), me ha servido de mucho para no tener liderazgo pero poder emprender situaciones y hacer que otros crean en ellas. Esa es una clave: no imponerse sino seducir”.

“A mi me dice mucho más una mirada que la expresión de una afinación. Sobre todo en estos días que estuve investigando lo que representa la afinación en términos de nazismo”.

“Para mi la comunión prevalece sobre la comunicación, a mi la comunicación me parece una porquería, la desprecio. Les pertenece a los creativos y está muy bien que la tengan en su trabajo porque lo tienen que hacer. Pero cuando la intención es dilucidar mundos, atraparlos en la abducción que significan los sonidos, es mucho más interesante la comunión que comunicar. Porque comunicar es específico, tiene un objetivo, un desarrollo concreto y el que no sabe comunicar es porque no está capacitado. Pero la capacidad aplicada a percibir es multiplicadora. Y en ese sentido creo que hay algo donde los insectos funcionan muy bien”.





Melero termina. Dice: “Ya está ¿no?”. No tenía ganas de hablar. Una vez terminada la presentación, entonces, nos fuimos masticando algunas de las frases que nutrieron la charla y pensando en los adelantados. ¿Existe tal cosa? ¿El chiste de Dylan es para tomarlo en serio? ¿Es Melero un adelantado? ¿Por qué? ¿Está en un lugar donde no lo estamos buscando? ¿Entonces sus discos qué son? ¿No será que es Melero un artista inaprehensible? ¿Qué significa buscarlo allí donde no lo esperamos? Muchas preguntas sin respuestas. Hasta hoy, pensaba yo, para encontrar a Melero no hacía falta más que ir a sus discos. Después de leer “Ahora, antes y después” hallamos otra certeza: se lo puede ir a buscar al libro también. Es más factible encontrarlo allí (aún cuando también se pueda desconfiar, no olvidar una de las frases de la noche: “Siempre tuve tácticas y estrategias”) que en estas presentaciones donde los protagonistas se dan cita pero uno de ellos, el artista, parece decir ausente.