martes, 4 de diciembre de 2012

Daniel Melero en el CCEBA





Hace dos semanas, en el Centro Cultural de España en Buenos Aires, se presentó el libro “Ahora, antes y después. Conversaciones con Daniel Melero”, escrito por Gustavo Álvarez Núñez. Si es cierto que todas las presentaciones de libros suelen ser realizadas para que quienes participan de la mesa intercambien halagos, unos con otros, todos con el autor, ésta noche no fue la excepción. Daniel Melero, el artista que desconcierta, el que pone en tela de juicio todo lo establecido, escapó a lo previsible hablando lo mínimo indispensable. Quién más habló fue el ensayista y coordinador de la mesa Rafaél Cipollini. Apenas pudo esbozar unas palabras Álvarez Núñez, que se emocionó hasta las lágrimas. Melero dijo poco, en un guiño cómplice con quienes habían poblado la sala, la mayoría –daba la impresión- amigos o conocidos. Habló para ellos. Sobre todo. Una lástima.

Del libro ya hemos hablado al aire algún sábado. Probablemente sea de lo mejor que se editó este año. Es una autobiografía rara, como dijo Cipollini. “Si uno lo agarra en una librería y agarra fragmentos al azar (…) uno ve y puede pensar ¿qué es lo que estoy leyendo? ¿Un libro de ideas? ¿Una autobiografía? Pero una autobiografía escrita por Gustavo Álvarez Núñez. Entonces una autobiografía ajena. Ya estamos en algo. Empiezan los problemas. Es una autobiografía que está escrita por otros. ¿Qué escribió entonces Gustavo Álvarez Núñez? Enseguida uno mira y se da cuenta de que hay preguntas muy formuladas pero las preguntas no están. O sea: es una autobiografía donde hay preguntas pero las preguntas están ausentes del  libro. Entonces lo que vemos son fragmentos de algo que pueden leerse de muchas maneras. O sea que es una autobiografía pero que ni siquiera sigue un orden cronológico, sigue otro orden”.

Y sigue Cipollini.

“Hay una frase que está muy repetida de Bob Dylan, no sé si es apócrifa o no, donde se hace cargo y dice: ‘Sí, estoy adelantado. Pero estoy adelantado 5 minutos nomás. Así que revisen un poco en los lugares cercanos y me van a encontrar’. A mi me gusta mucho esta frase porque se hace cargo de que es un adelantado pero no dice alcáncenme, corran. Dice: ‘búsquenme en un lugar. Vean cerca’. No se trata de alguien que está adelantado sino de alguien que está en un lugar donde no lo estamos buscando. Y esto se aplica perfectamente a cualquier cosa que tratemos de husmear de Daniel Melero. Está en un lugar donde no lo esperamos”.

Qué matete. Porque justamente caímos esa tarde en el CCEBA esperando encontrar a Melero pero resulta que Cipollini nos estaba advirtiendo que ese que estaba sentado a su lado, el que íbamos a ver, en realidad no estaba. ¿Es que entonces ese que veíamos allí no era Melero? Sí lo era, pero efectivamente lo habíamos ido a buscar al lugar equivocado. Hizo todo lo posible para que terminemos por entender que lo importante no iba a ser nada de lo que allí dijera sino aquello que estaba volcado en el libro. Hubo una advertencia de su parte: “Yo, si pudiera, de Melero me separaría”. Pues algo de eso había: estaba el libro, o sea un Melero por otros medios, donde ya quedó plasmado para siempre su pensamientos fuera de lo común para el mundo del rock y del pop; y el Melero que sentado a la mesa deseaba separarse de sí mismo.

 Este último fue el que dijo:

“Existe lo público y existe lo privado. Y lo privado a veces es público y uno publica y es engreído como todos aquellos que lo hacen. Yo no encuentro  mayores virtudes en mucha gente que publica. Pero sí encuentro que, a través de la vida, los que me acompañan siempre me contuvieron y me eligieron. Yo creo que hice grandes elecciones en mi vida a través de los años. Así como se me ve como el propulsor de una gran cantidad de cosas, tal vez propulso aquello que me inspira y eso sigue funcionando en mí”.

“Les quiero decir que es muy fácil ser un visionario”.

“Yo soy consecuencia de. Siempre tuve tácticas y estrategias, inclusive en este momento que parezco ser emocional (...) Día a día vivo sentimientos que me tocan con todos aquellos que me rodean y con mis recuerdos y con mis extrañas ilusiones. Siempre encontré algo en lo que parece inútil, en ese lugar que parece que es lo que no hay que hacer. Y eso me dio más una trayectoria que un presente. Y ese trayecto pienso hacerlo hasta el año que viene que tengo planeado el Senil Tour (risas)”.

“Siempre mis discos fueron peores que el anterior para gran parte de la crítica. Es maravilloso, debo estar en el – 50 (menos cincuenta). Tal vez debo ser medio persistente”.

“Tengo teorías entomológicas que no serían aceptables, como las mías musicales”.
“Me atrae mucho la idea de que un hormiguero es una entidad, que una colmena es una entidad. Y avalando todas esas teorías de mi homosexualidad, podríamos decir que se trata de grupos femeninos. Al yo tener un cierto enfoque femenino, que involucra la innovación en los sonidos (también es así en los insectos), me ha servido de mucho para no tener liderazgo pero poder emprender situaciones y hacer que otros crean en ellas. Esa es una clave: no imponerse sino seducir”.

“A mi me dice mucho más una mirada que la expresión de una afinación. Sobre todo en estos días que estuve investigando lo que representa la afinación en términos de nazismo”.

“Para mi la comunión prevalece sobre la comunicación, a mi la comunicación me parece una porquería, la desprecio. Les pertenece a los creativos y está muy bien que la tengan en su trabajo porque lo tienen que hacer. Pero cuando la intención es dilucidar mundos, atraparlos en la abducción que significan los sonidos, es mucho más interesante la comunión que comunicar. Porque comunicar es específico, tiene un objetivo, un desarrollo concreto y el que no sabe comunicar es porque no está capacitado. Pero la capacidad aplicada a percibir es multiplicadora. Y en ese sentido creo que hay algo donde los insectos funcionan muy bien”.





Melero termina. Dice: “Ya está ¿no?”. No tenía ganas de hablar. Una vez terminada la presentación, entonces, nos fuimos masticando algunas de las frases que nutrieron la charla y pensando en los adelantados. ¿Existe tal cosa? ¿El chiste de Dylan es para tomarlo en serio? ¿Es Melero un adelantado? ¿Por qué? ¿Está en un lugar donde no lo estamos buscando? ¿Entonces sus discos qué son? ¿No será que es Melero un artista inaprehensible? ¿Qué significa buscarlo allí donde no lo esperamos? Muchas preguntas sin respuestas. Hasta hoy, pensaba yo, para encontrar a Melero no hacía falta más que ir a sus discos. Después de leer “Ahora, antes y después” hallamos otra certeza: se lo puede ir a buscar al libro también. Es más factible encontrarlo allí (aún cuando también se pueda desconfiar, no olvidar una de las frases de la noche: “Siempre tuve tácticas y estrategias”) que en estas presentaciones donde los protagonistas se dan cita pero uno de ellos, el artista, parece decir ausente.


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